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El Lazarillo de Tormes abandona el anonimato

Con una investigación documental, Mercedes Agulló intenta poner fin a un misterio de más de 400 años acerca de quien escribió la obra

 

Por Gerardo de la Concha

Una noticia recorre la prensa cultural europea y latinoamericana: El Lazarillo de Tormes ya tiene autor. El clásico oficialmente anónimo puede ser atribuido a Diego Hurtado de Mendoza (1503-1575), según la paleógrafa española Mercedes Agulló.

Al investigar en los archivos del cosmógrafo y cronista de la Corte de Felipe II, Juan López de Velasco, quien era albacea de Diego Hurtado de Mendoza, la historiadora encontró un documento con la siguiente anotación: “Un legajo de correcciones hechas para la impresión de Lazarillo”.

Al tener en sus manos el valioso papel, sin duda el pulso le ha de haber temblado a la señora Mercedes —quien a sus 85 años de edad sigue incursionando en los viejos archivos empolvados— pues al parecer resuelve uno de los enigmas más antiguos de la literatura mundial: ¿quién es el autor de El Lazarillo de Tormes, publicado en 1554?

Ella ha escrito un libro titulado A vueltas con el autor de El Lazarillo. Su tesis con sustento en una investigación documental intenta poner fin a una controversia de más de 400 años acerca del nombre de quien elaboró esta obra maestra de la lengua española creando con ella el género de la novela picaresca.

Ya en 1602, Valerio Andrés Taxandro en su Catalogus Clarorum Hispaniae Scriptorum da como autor de El Lazarillo a Diego Hurtado de Mendoza. Sin embargo, la Historia de la Orden de San Jerónimo (1607), de José de Sigüenza dice que Fray Juan de Ortega escribió la novela —célebre desde su primera edición— y cuenta cómo se encontró en la celda del monje un borrador del manuscrito.

A mediados del siglo XVII el doctor Lockeur, Déan de Peterbourogh afirmaba era un libro elaborado en dos días por un grupo de obispos españoles en camino al Concilio de Trento. Por la misma época un folleto inglés señalaba como autores a una cofradía de pícaros, quizás para explicar así su realismo.

En el siglo XIX el erudito Alfred Morel-Fatio abrió fuego contra las versiones a favor de Diego Hurtado de Mendoza y de Fray Juan de Ortega y logró se le diera en las reimpresiones su calidad original de obra anónima, considerando era el texto de un círculo anticlerical: el de los hermanos eramistas (por Erasmo de Rotterdam) Juan y Alfonso de Valdés. Marcel Bataillón, por su parte, refutó esta tesis en un largo ensayo para sostener a Fray Juan de Ortega. Distintos estudiosos se la asignaron al poeta toledano Sebastián de Orozco, de lo cual se hizo eco Julio Torri en su Historia de la literatura española. En 2002, en un libro elogiado por Juan Goytisolo, Rosa Navarro Durán asegura es obra de Alfonso de Valdez, recurriendo a un minucioso método comparativo entre los escritos del escritor satírico hispano y El Lazarillo.

Américo Castro, “la autobiografía es solidaria del anonimato”, prefería aceptar lo había escrito un auténtico pregonero —oficio de Lazarillo ya mayor— contando sus aventuras y desventuras, dirigido en primer término a un Obispo para obtener su indulgencia en una investigación eclesiástica sobre los amoríos de un Arcipestre con su mujer, cornamenta aceptada por el personaje de la autobiografía como el resultado final de una vida adversa y sin fortuna.

“Yo por bien tengo que cosas tan señaladas, y por ventura nunca oídas ni vistas, vengan a noticias de muchos, y no se entierren en la sepultura del olvido”. Así comienza la novela epistolar, luego hace profesión de fe de escritor: “…muy pocos escribirían para uno solo, pues no se hace sin trabajo; y quieren, ya que lo pasan, ser recompensados, no con dinero, más con que vean y lean sus obras y, si hay de qué, se las alaben”. Pero, ¿quién es Diego Hurtado de Mendoza? Un poeta cortesano, soldado, diplomático y bibliófilo. Amigo de Santa Teresa de Jesús y de Baltazar Gracián. El primero en usar el término “picaresco” en 1548 en su texto Carta del Bachiller de Arcadia al Capitán Salazar. Mecenas también —protegió a Francisco López de Gómara para que escribiera su Historia de la conquista de México en su palacio de Venecia—. Un verdadero hombre del Renacimiento.

Ahora Mercedes Agulló proporciona una evidencia de su autoría de El Lazarillo de Tormes —puesto en el Índice de libros prohibidos de la Inquisición, lo cual justificaría el precavido anonimato— ¿Y si acaso fuera sólo uno de esos manuscritos atesorados en su biblioteca, hoy en El Escorial? Pero la paleógrafa no duda: Diego Hurtado de Mendoza escribió este libro divertido, amargo también, un retrato de los bajos fondos del reino, de la orfandad infinita del miserable, de la astucia para sobrevivir; una “epopeya del hambre”, del ingenio, del ridículo y de la humillación. “Oh señor mío, a cuanta miseria y fortuna y desastres estamos puestos los nacidos”. Si este aristócrata logró hacer hablar a este pícaro, estamos ante la confirmación de un genio de la literatura.

 


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fecha 19 de marzo de 2010 23:33
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