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Casos asombrosos

Gil Gamés

 

Repantigado en el mullido sillón de su amplísimo estudio, Gamés se enteró, no sin asombro, de que se descubrió en Filipinas una nueva clase de lagarto gigante que mide dos metros de largo. Este animal ha vivido con discreción extraordinaria ocultándose (ah, el gerundio) de la mirada inquisitiva del científico o el investigador tenaz. El lagarto resulta pariente del llamado dragón de Komodo que vive en Indonesia. Ahora mal, o mejor, ahora bien: el lagarto gigante posee dos penes. En la fotografía que Gil vio en su periódico La Jornada, al lagarto se le mira sereno y no especialmente envanecido. Varanus bitatawa, que así le ha llamado la ciencia, tiene cuerpo negro y azul con manchas verdes y amarillas. El doble pene de los machos puede ser utilizado en alternancia durante la copulación. Gamés reflexionó algo, pero no supo qué, aunque una vaga ambición pasó por su mente como una ráfaga sin regreso. Caracho, no somos nada.

En la misma edición de aquel diario, ni más ni menos que en las páginas dos y tres, es decir las de mayor peso en un periódico, aparece una revelación que cimbrará al sucio mundo capitalista. La Jornada dedica ese espacio a un artículo-reportaje, o vaya usted a saber lo que aquello sería, acerca de cómo el alacrán colorado cura el cáncer en la isla de Cuba. Y no cualquier cáncer, todos los cánceres. “Un centro científico cubano que estudia el efecto antinflamatorio y analgésico del veneno del alacrán colorado en células cancerosas anunció una nueva línea de investigación para demostrar el impacto directo de la toxina en la reducción de los tumores”. Ah, chirriones, exclamó Gamés, lo menos que le van a dar a este descubrimiento es el Premio Nobel. Lástima que el veneno del alacrán tenga que compartir ese prestigioso galardón con los chiquiadores de tomillo bien puestos en las sienes, las flores de Bach, al agua de Tlacote, la uña de gato, la ionoterapia y otros descubrimientos científicos que curan todas las enfermedades conocidas e incluso algunas no conocidas. Los investigadores cubanos afirman que el camino que llevó a estos hallazgos se inició en los años ochenta en Guantánamo. Así las cosas, Gil cumple al informarles a todos ustedes que los cubanos curan el cáncer.¿No es éste un caso asombroso?

Pero el lagarto de dos penes y el veneno del alacrán que cura el cáncer no son nada comparados con el texto de Silvio Rodríguez que su periódico La Jornada publicó hace unos días. En una fotografía de primera plana aparece Silvio gordo, ojeroso, cansado y con más ilusiones que nunca. La nota informa de un acto multitudinario en el que 200 intelectuales unieron sus voces de protesta en recitales de La Habana y Santiago. “Rodríguez leyó el escrito titulado ‘Preguntas de un trovador que sueña’ en el que fustigó a los Estados Unidos, al Partido Popular y al grupo editorial Prisa”. El texto del Trovador Revolucionario contiene veneno del alacrán colorado. Oigan si no: “Si el flautista de Hamelín partiera con todos nuestros hijos, ¿comprenderíamos que se nos va el futuro?” Gil no comprende nada y no le queda más remedio que la filosofía: una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. El breve texto parece escrito por el interno de un hospital psiquiátrico, pero Gamés sospecha que Silvio quiere tomarle el pelo al mundo. Tafil, Paxil y algo de Melox: “Si este gobierno ha sido tan malo, ¿de dónde ha salido este pueblo tan bueno?” Esta defensa de la dictadura cubana no es el más asombroso de los casos hoy expuestos en el breve espacio en que ustedes no están. ¡Granujas!

En el lecho de muerte, el poeta francés Paul Claudel le habló por última vez a su médico: “Doctor, ¿cree usted que pudo ser por la salchicha?”

Gil s’en va

gil.games@razon.com.mx

fdm

 


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fecha 13 de abril de 2010 00:06
ultima modificacion Ultima modificación: 20:53
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