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El mecenas que hizo de México su proyecto cultural

A dos días de su muerte, la obra de Rafael Tovar y de Teresa ya empieza a ser equiparada con la de José Vasconcelos, como constructor de instituciones culturales

 

Era tan sensible la ausencia de Rafael Tovar y de Teresa la tarde del pasado 26 de noviembre, en la Feria del Libro de Guadalajara, que a quienes solía encontrar ahí, en el mundo de los libros, les pasó como al propio Secretario de Cultura con su hermano Guillermo en el 2013: habían acordado siempre comprar dos ejemplares de lo que leyeran para poder compartirlo, pero tras el deceso de Guillermo, Rafael no entendió que no lo vería ya jamás, hasta el momento en que iniciaba la primera ronda de compras y estaba llevando ejemplares dobles.

El encargado de inaugurar la edición 30 de la FIL fue el secretario de Salud, José Narro, quien argumentó brevemente “asuntos personales de urgencia”, para justificar la ausencia del secretario de Cultura en el evento mexicano más importante de las letras de cada año.

Rafael Tovar y de Teresa estaba en esos momentos metido en la batalla crucial, incluso más terrible que las que se libran todos los días en el “espinoso mundo de la cultura en el que —dice Elena Poniatowska— poetas y pintores están dispuestos a pulverizarse”.

Se encontraba en una lucha contra la que, hasta ahora, ninguna mediación diplomática propia de un gran embajador, como lo fue él, es eficaz: el mieloma múltiple, un tipo de cáncer que ataca la médula ósea y en el que existe una proliferación anormal de células plasmáticas, que va apagando la vida o, como mejor la definió en el Panteón Francés, el poeta Eduardo Lizalde: “una de esas pavorosas enfermedades de las que vamos a morir todos un día de estos”.

La falta de Tovar y de Teresa, ahora definitiva, se sentía como aquella tarde en la FIL desde hacía meses. Pero ahora será más evidente y sentida, porque el embajador cultural de más oficio que ha tenido el país, deja un legado que lo encumbra permanentemente. Un hueco que para este país, para el Estado, será difícil de llenar.

Es Tovar y de Teresa, según lo describen: un mecenas, un hombre culto, un erudito, un pianista, un melómano consumado, un coleccionista de arte novohispano, un gran padre —tuvo cuatro hijos, Rafael, Leonora, María y Natalia—, un funcionario ejemplar… Pero su nombre, en estas primeras horas posteriores a su deceso, ya empieza a ser equiparado con el de José Vasconcelos, como constructor de instituciones culturales.

Tovar y de Teresa nació en la Ciudad de México el 6 de abril de 1954. Fue hijo de Rafael Tovar y Villa Gordoa y de Isabel de Teresa y Wiechers. Sus hermanos son Isabel, Lorenza, Gabriela, Guillermo, Fernando y Josefina.

Descendiente de una estirpe ligada al porfirismo, Tovar y de Teresa definió el contexto familiar en el que nació y creció como “una atmósfera inundada de nostalgias, visitas regulares al pasado como si del presente se tratara, sensaciones de claroscuros de tiempos mejores que los nuestros, pero ya ajenos a nosotros, plenitud de expresiones culturales que, a través de libros, discos, objetos únicos de todo tipo e historias familiares, poblaron nuestra afortunada y original niñez”.

Eso que Jorge Volpi llama “pasión genealógica”, es una de las fuentes del interés que le despertaba el Porfiriato y sus costumbres. Escribió El último brindis de Don Porfirio y De la paz al olvido, Porfirio Díaz y el final de un mundo.

Pero también la novela Paraíso es tu Memoria, ambientada en la época de Don Porfirio, en la que el escritor Fernando del Paso encontró que la historia perfuma cada una de sus páginas: “un México desaparece y arrastra consigo los sueños de una burguesía dorada… los personajes, en medio de un torbellino transparente que parece moverse en cámara lenta, tratan de recobrar un tiempo lleno de promesas que presagiaba un futuro intocable”.

Tovar y de Teresa estudió Derecho en una universidad pública, la Autónoma Metropolitana, en Azcapotzalco; luego viajó a París para seguir sus estudios en la Sorbona y la Escuela de Ciencias Políticas.

A principios de los años 80 ingresó al Servicio Exterior Mexicano y volvió a la capital francesa, en donde se desempeñó como ministro en la Embajada de México.

Nacido en una casa con paredes colmadas de libros, esa cuna y su personalidad profundamente afable habrían de orientarlo durante 40 años en el servicio público, a convertirse en motor de creación de instituciones culturales porque, decía, “la cultura es lo que da sedimento y forma una identidad nacional”.

El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), antecedente de la Secretaría de Cultura, fue el proyecto que llegó a ser su primer estandarte. Ingresó a esa institución en 1989, meses después de su fundación, cómo coordinador de Asuntos Jurídicos, posteriormente fue director de Asuntos Internacionales.

Tras un breve paso por la Dirección General del Instituto Nacional de Bellas Artes, de 1991 a 1992, regresó al Conaculta como su presidente, puesto en el que permaneció ocho años y abarcó dos sexenios.

En ese periodo la política cultural del país se dinamizó y empezaron a fluir fondos para los artistas, además de que se creó una fuerte infraestructura. En 1993 fundó el Sistema Nacional de Creadores de Arte, un programa de distinciones y estímulos para artistas de más de 35 años, el cual en los últimos cuatro años se incrementó en 65 por ciento, en relación con la administración del sexenio anterior.

Un año después, en 1994, inauguró el Centro Nacional de las Artes —recinto que hoy abrirá su puertas para rendirle un homenaje encabezado por el Presidente Enrique Peña Nieto—.

Para su diseño y edificación reunió a los más destacados arquitectos del país: Ricardo Legorreta, Noé Castro, Teodoro González de León y Enrique Norten, entre otros.

Este espacio ha difundido, por más de 20 años, el teatro, la danza, las artes visuales, el cine y la música al público, pero también es un centro de aprendizaje importante, ahí se encuentran el Centro de Capacitación Cinematográfica, Escuela Nacional de Arte Teatral, Escuela Superior de Música, Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda.

El también escritor fundó el Centro de la Imagen, el Canal 22. Con él, la Cineteca Nacional se transformó en una institución cultural. Todo eso en su primer periodo frente al Conaculta.

En el segundo, su labor se centró en la difusión de las artes que consolidaran la identidad de los mexicanos, además de una serie de programas que combatieran los riesgos sociales en zonas vulnerables.

Pocas veces la CDMX se vio envuelta en fiestas culturales como las proveídas por las exposiciones Miguel Ángel Buonarroti: Un artista entre dos mundos; Leonardo Da Vinci y la idea de la belleza; Yayoi Kusama. Obsesión infinita y Leonardo, Rafael, Caravaggio: una muestra imposible, las cuales reunieron a miles de personas que hicieron largas filas para poder admirarlas. Ya esos proyecto denotaban una visión alineada a los ideales vasconcelistas.

Finalmente, Tovar y de Teresa delineó las realidades necesarias para que Conaculta se convirtiera por fin en la Secretaría de Cultura. Todo esto a lo largo de una trayectoria en la que, asegura el editor Héctor Orestes, destaca siempre un pulso civilizatorio.

El sábado, al conocerse su partida, sus entorno de amigos ha parecido expandirse para dar cabida hasta a quienes podrían figurar como críticos, para conformar una unanimidad: Tovar y de Teresa es un hombre con la innegable virtud de conquistar el aprecio profundo de los otros en el valor de su amistad, su buen trato, su refinamiento y su natural amabilidad. Así de sensible es la ausencia de Tovar y de Teresa.

Museo de la Música llevará su nombre

Como un reconocimiento a sus aportaciones a la política cultural de México, el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle anunció que el Museo de la Música Méxicana que se construye en la capital de ese estado llevará el nombre de Rafael Tovar y de Teresa.

Moreno Valle reveló que el fallecido secretario de Cultura fue uno de los grandes impulsores de este proyecto que albergará parte de la memoria musical de este país. Además de que su trabajo siempre estuvo enfocado en el desarrollo de las expresiones artísticas del país.

El mandatario local, comentó que la familia de Tovar y de Teresa accedió a que el recinto lleve su nombre y reconoció que grandes proyectos que se realizaron en su administración, como el museo de la Evolución”, el cual se enriqueció con ideas del funcionario.

Finalmente, destacó su trayectoria como una gran promotor e impulsor de proyectos como orquestas juveniles o la Ciudad de las Ideas. “Es triste su partida porque estaba en su momento más importante, cosechando lo que había sembrado”, finalizó el ejecutivo.

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fecha 12 de diciembre de 2016 01:31
ultima modificacion Ultima modificación: 02:26
autor Por: Adrian Castillo /adrian.castillo@razon.com.mx
 
 
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Ilustración Eliuh Galaviz La Razón

 
 
 
 
 
 
 
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