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La niña que se hizo invisible

Luis de la Barreda Solórzano

 

No recuerdo una explicación oficial tan disparatada. No es verosímil que el cuerpo de una niña de seis años que no hubiera dejado su cama, donde se le dejó acostada, y que estaba siendo febrilmente buscado, haya pasado desapercibido durante 10 días para sus padres, sus nanas —que tendieron la cama varias veces—, el procurador de justicia —que se sentó en esa cama—, 100 policías que revisaron la habitación reiteradamente, 40 peritos, perros adiestrados para encontrar cuerpos y personas que durmieron precisamente en ese mueble.

No era una niña del tamaño de Pulgarcita ni se le encontró en un punto de la inmensidad del océano, de un bosque o de una enorme ciudad de cientos de miles de habitantes. La niña fue encontrada al cabo de 10 días en su lecho, precisamente donde se le buscó antes que nada. Fue hallada en una orilla, en el hueco notorio entre el colchón y la estructura del lado de los pies, no bajo el colchón ni bajo la cama, sino en la superficie, o sea a la vista de todos. Era una niña reportada como desaparecida. Se le buscaba, por tanto, cuidadosa y afanosamente. Y se buscaba milímetro a milímetro un pelo, sangre, una huella dactilar, rastro genético… cualquier cosa que fuera útil a la investigación. Un niño de su misma edad la hubiera encontrado en pocos segundos… si ella hubiera estado allí.

Además era una niña muerta. Un cadáver empieza a oler mal a las pocas horas del fallecimiento. A los tres días el hedor es intenso; después, día a día, se va haciendo más insoportable. Nadie podría creer que en nueve días ningún olor desagradable haya sido percibido.

Quizá Paulette no fue asesinada; pero su cuerpo inerte no pudo estar donde se le encontró sin que nadie lo notara durante 240 horas. “No estaba allí”, dicen las dos nanas. Es verdad. Se trata de sentido común. El cuerpo de Paulette no estuvo allí todo el tiempo, excepto si se hubiera hecho invisible por arte de magia mientras le buscaba toda la policía ministerial mexiquense.

Salvo que estemos frente a un suceso sobrenatural seguramente sin precedente, el procurador Bazbaz mintió. Parece que a eso obedeció el cambio radical en su actitud: en la conferencia de prensa en la que anunció que se investigaba el caso como homicidio permitió todas las preguntas que quisieron hacerle, mientras que al proporcionar la versión absurda no consintió un solo cuestionamiento.

Entonces, naturalmente se duda de que la conclusión expuesta sea veraz. Tal vez lo sea. Paulette pudo morir fortuitamente. Pero el descreimiento tiene una sólida base: si en un punto clave se nos ha querido engañar insultando nuestra inteligencia, es inevitable la sospecha de que acaso se nos quiera engañar también en lo verdaderamente relevante, es decir acerca de si Paulette murió accidentalmente o fue asesinada.

ldelabarreda@icesi.org.mx

 


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fecha 27 de mayo de 2010 01:46
ultima modificacion Ultima modificación: 23:12
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