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Registran 44 nuevas especies en Iztapalapa

Icono de la Urbe, es uno de los sitios con mayor riqueza floral; ahí se realizaba cada 52 años la ceremonia del Fuego Nuevo, hoy celebran la Pasión de Cristo

 

Localizado en el corazón de la delegación Iztapalapa, el Cerro de la Estrella es uno de los más grandes íconos de la Ciudad de México, donde varios pueblos mesoamericanos realizaban cada 52 años la ceremonia del Fuego Nuevo y hoy en día es espacio emblemático en la celebración de la Semana Santa, cuya tradicional representación de la Pasión de Cristo inició ayer.

Pero en medio de la algarabia religiosa, los dos millones de asistentes que acuden cada año desconocen la riqueza vegetal que lo circunda y que cuenta entre sus joyas un total de 255 especies endémicas, 14 de ellas desconocidas.

Hasta ahora que aparece el libro Guía florística del Cerro de la Estrella, editado por INAH. En él, Aurora Montúfar López y Alejandro Torres Montúfar describen e ilustran 155 de las 255 especies de flora que existen en este antiguo volcán llamado Hizachtépetl o cerro de los huizaches.

Irónicamente, el árbol que le dio nombre al cerro ha sido menospreciado y sustituído por eucalipto, que absorbe demasiada agua del subsuelo y además expulsa a los árboles endémicos poniendo en riesgo su diversidad. La publicación hace también un examen crítico de la pérdida de espacio en el bioma del cerro, que ha pasado de mil 100 hectáreas en 1938, a 121.77 hectáreas en 2007, derivado de la expansión urbana.

Ante esta situación, académicos y autoridades han comenzado el repoblamiento ecológico del medio, con plantas como el encino (Quercus rugosa), el huizache (Vachellia farnesiana) y el palo dulce (Eysenhardtia polystachya) que, acorde con documentos novohispanos y cronistas del siglo XVI, proliferaban originalmente en el área, como destaca el arqueólogo Raúl Arana, quien dirige el sitio del Cerro de la Estrella desde hace varios años.

Para Arana, el aporte del libro es la catalogación de 44 especies desconocidas, que ayudarán a rescatar el ecosistema del emblemático lugar. Por su importancia, también se quiere concientizar a los habitantes de la delegación y a los visitantes, para que la vorágine de las celebraciones religiosas no impida recuperar la relación armónica que se tenía con el entorno.

La ceremonia de Fuego Nuevo se hacía cada 52 años para mantener vivo al Sol y al universo. Esta conmemoración representaba para los mexicas, los colhuas y otros pueblos mesoamericanos el reinicio de sus calendarios solares y rituales.

La huella más notoria que se tiene de este ritual sagrado en el Cerro de la Estrella y de la cual se habla también en el libro, es el Templo del Fuego Nuevo, una pirámide de siete etapas constructivas, cuya orientación al poniente tenía el objetivo de ofrendar sacrificios humanos a la luz que se ocultaba.

 
 
 

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fecha 14 de abril de 2017 01:41
ultima modificacion Ultima modificación: 22:40
autor Por: Redacción La Razón
 
 
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