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Se estrelló la ola verde

Bertrand de la Grange

 

Los seguidores del matemático Antanas Mockus (Partido Verde) no han logrado todavía encontrar una explicación a la derrota de su candidato en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia, el pasado 30 de mayo. No tenían la menor duda de que el ex alcalde de Bogotá obtendría, por lo menos, la misma votación que su adversario, Juan Manuel Santos, lo que haría inevitable su triunfo en la segunda ronda, el 20 de junio. Lo decían todas las encuestas, y se lo creyeron. Ahora no entienden cómo Santos ha logrado duplicar ampliamente la votación de Mockus (46.6% contra 21.5%).

En lugar de buscar los motivos del fracaso en sus propios fallos, los verdes denuncian la poderosa “maquinaria” del partido de Santos y las intervenciones “ilegales” del presidente Álvaro Uribe a favor de su delfín y ex ministro de Defensa. Alguno, incluso, empieza a hablar de “fraude electrónico”, pese a los desmentidos de todos los observadores internacionales. El propio Mockus no ha dado credibilidad a esas acusaciones, pero ha caído en la tentación de la descalificación al sugerir que su adversario había comprado votos. Su entorno, seguido por algunos editorialistas de medios europeos, ha recurrido al argumento clasista para explicar la victoria holgada de su adversario: los electores de Santos no tienen cultura, venden su voto a cambio de unos pesitos o apoyan a un Gobierno de mano dura que no respeta los derechos humanos en su afán por eliminar a la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). En cambio, los electores de Mockus son fundamentalmente buenos, cultos y pacíficos.

La explicación es, en realidad, mucho más sencilla y no tiene nada que ver con la supuesta superioridad moral de los votantes verdes. La mayoría de los colombianos han apostado por la continuidad de una política, la “seguridad democrática”, que ha reducido sustancialmente el nivel de violencia. Al heredero de Uribe se le agradece los golpes contundentes contra las FARC y la liberación de los secuestrados a mano de esta organización. Su propuesta de dar ahora la prioridad a la “prosperidad económica”, sin bajar la guardia en el campo de la seguridad, ha seducido muchos electores, especialmente en las clases populares. En cambio, el discurso de Mockus, centrado en la ética y la educación, pero a veces abstracto, ha calado en los sectores más acomodados y entre los intelectuales, menos expuestos a la violencia.

Los numerosos sondeos publicados en abril y mayo detectaron, sin embargo, el crecimiento rápido de una “ola verde” y pronosticaron la victoria de Mockus. ¿Por qué fallaron estrepitosamente las encuestadoras? En primer lugar, confundieron emoción con intención de voto. La personalidad extravagante del candidato verde y su estilo evangélico generaban simpatía entre los colombianos de todos los estratos sociales. El matemático de origen lituano había copado las redes sociales de internet, como Facebook o Twitter, gracias al apoyo entusiasta de muchos jóvenes. Los medios lo ensalzaban todos los días y la inmensa mayoría de los columnistas se habían puesto a su servicio. Los encuestadores se limitaron a reflejar ese clima favorable, sin ponderar los factores coyunturales. No supieron hacer la diferencia entre el mundo virtual y la vida real.

No fue el único error que cometieron. Subestimaron el voto rural, que no fue incluido en las muestras, y no averiguaron si los encuestados tenían derecho a voto (menores, ciudadanos no inscritos, etc.), entre muchos otros fallos.

Gallup, Ipsos y las demás firmas intentaron justificarse con un argumento poco convincente: supieron que la tendencia había cambiado a favor de Santos en los últimos días de la campaña, cuando la ley prohíbe la publicación de las encuestas. Esto no explica la enorme diferencia entre los dos principales candidatos el 30 de mayo y tampoco los pronósticos sistemáticamente errados sobre los aspirantes más pequeños.

Con sus predicciones equivocadas, los sondeos han tenido un efecto perverso sobre el proceso electoral. Muchos electores, especialmente en la izquierda, se sumaron a la supuesta “ola verde” con la esperanza de que su “voto útil” garantizaría la derrota del heredero del odiado uribismo. No es casualidad que la queja más enérgica contra las encuestadoras llegara del candidato de la izquierda, Gustavo Petro, que ha perdido la mitad del electorado de su partido, el Polo Democrático, en comparación con la elección de 2006. Esos votos fueron para Mockus. La “ola verde” no ha logrado, sin embargo, arrastrar a una sociedad mayoritariamente uribista y conservadora, que se volcará a favor de Santos el próximo 20 de junio.

bdgnr@yahoo.com

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fecha 5 de junio de 2010 11:17
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