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Guerra sucia: niños y mujeres primero

Salvador Camarena

 

Desde el lunes, tan cerca como en mi muro de Facebook comenzaron a surgir las voces que se mofaban de que una de las hijas de Josefina Vázquez Mota tiene sobrepeso. No sé el nombre de la chica, ni su edad, no quise averiguarlos; asumo que es mayor de edad, como asumo por supuesto que su vida privada le pertenece a ella, y no debería importarnos a los demás. Leer eso me incomodó, pensé que sería algo aislado. Me equivoqué.

Un video con el mismo tema circulaba ayer en Internet. El video fue editado a partir de uno producido por la revista Quién para dar a conocer “el detrás de las cámaras” de la portada de esa revista, que en su actual número presenta a la virtual candidata panista y su entorno familiar. La muchacha en cuestión no sale en la portada. El video se aprovecha de eso para, con toda la marca de la guerra sucia (es anónimo, incluye música dramática y leyendas con preguntas sugerentes), cuestionar por qué, supuestamente, a Josefina “le da pena mostrar a sus hijos”.

En nuestro país, tarde o temprano los candidatos (y los políticos en general) enfrentan una disyuntiva: ¿Qué tanto de su vida privada abrirán de motu proprio a la opinión pública? Digo de motu proprio porque la prensa ejercerá presión para conocer lo máximo del personaje, mas aún si aspira a algún puesto. Siempre estará en el político decidir cuánto cede, cuánto accede a que eso privado se convierta en un tema público.

Si sale del político enviar a uno de sus hijos a recibir premios en su nombre, los nombra en actos proselitistas, les saca partido pues, le puede pasar como a Enrique Peña Nieto, que se encontraba en una posición muy incómoda cuando tras su resbalón en la FIL de Guadalajara su hija terminó de empinarlo con aquel tuit de “La prole”.

Pero aun en ese caso nos toca a los demás también definir el lugar en el que nos vamos a posicionar en estas cuestiones. ¿De verdad, antes de hacer mofa de la hija de Peña Nieto, nadie se puso a reparar en la cuestión de que era menor de edad? Los límites se perdieron y vimos cómo se dejó de lado un factor crucial: se trataba de una adolescente. Y aún así fue sometida a un escarnio bárbaro.

Ahora toca el caso a otra hija. La de Josefina. Mal vamos a comenzar esta campaña si ya alguien se dio el lujo de hacer circular un video sobre una persona que no es figura pública. Esto va más allá de los políticos. Debemos, todos, rechazar que se haga escarnio sobre cuestiones personales de nadie, más aún de quien por decisión no es protagonista de esta competencia.

Estamos muy a tiempo de definir lo que vamos a tolerar y lo que vamos a rechazar en las campañas. El repudio a estas cuestiones debe ser generalizado y contundente. Eso debe incluir el rechazo en Internet, territorio con mucha menos normatividad. Y la voz del Conapred debe ser una de las primeras, de forma proactiva más que reactiva, en convertirse en una referencia que nos recuerde cuando estemos por rebasar un límite.

El ruido de las redes sociales debe acallar a aquellos que quieren que la guerra sucia empiece con los niños y las mujeres. Más nos vale.

salvador.camarena@razon.mx

Twitter:@salcamarena




 
 
fecha 10 de febrero de 2012 00:25
ultima modificacion Ultima modificación: 21:29
autor Por: Salvador Camarena
 
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