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Beatriz Martínez de Murguía Beatriz Martínez de Murguía
 
Beatriz Martínez de Murguía
 
Todo suma

Beatriz Martínez de Murguía

 

El pasado domingo Jon Juaristi, un conocido escritor, se lamentaba en un periódico español sobre algo que sucede con cierta frecuencia, en todas las variaciones imaginables, pero que a pocos parece llamarles la atención o siquiera importarles. Unos días antes, en el noticiario más visto de la televisión pública española y con motivo del cincuenta cumpleaños de Mafalda, se mostraba en pantalla una caricatura (de un humorista que participaba en el reportaje en cuestión) en la que una niña claramente identificada como judía pregunta a otro personaje, también identificado con los rasgos más tópicamente judíos (kipá, rizos y nariz ganchuda):

“¿Pero cómo puede Israel violar con total impunidad las leyes humanas e internacionales?”, a lo que éste le contesta: “Nuestro buen dinero nos cuesta”. El supuesto “chiste” no iba enmarcado en ninguna valoración crítica de nada, sino que mostraba un ejemplo de la obra del mencionado humorista, que, por cierto, terminó siendo despedido del periódico El País por sus repetidas “bromas” antisemitas.

El lunes se conoció la noticia de que ese mismo domingo alguien había profanado un cementerio judío, en la localidad de Wysokie Mazowieckie, al este de Polonia, con la esvástica de rigor y la frase “Esto es Polonia, no Israel”.

Busqué la noticia en algún periódico español, pero ni rastro de ella. No era noticia, según se ve, contar lo que ya ha pasado otras veces, y no sólo en Polonia, sino también en Francia o Alemania. Y es que aunque el asesinato directo, a sangre fría, de cuatro judíos europeos (el hecho de que tres sean niños añade más vileza, si cabe, al acto en sí, pero sería igual de lacerante si las cuatro víctimas hubiesen sido todos adultos) sea la reacción más extrema y criminal del antisemitismo, pervive aún, y se diga lo que se diga, un tufillo judeo fóbico impermeable a cualquier enseñanza o razonamiento. En lo que yo conozco, sobre todo a raíz de la publicación de mis últimos libros, puedo contar que me he encontrado con los prejuicios más vergonzosos contra los judíos y, desde luego, nada inocentes a estas alturas. No sólo se hace responsable a cualquier judío, no importa su condición social o procedencia geográfica, de cualquier política más o menos polémica que pueda llevar a cabo el gobierno israelí de turno, sino que se ningunea o minimiza explícitamente el horror de la Shoá por el conflicto de Israel con Palestina. Muy pocos medios de comunicación se toman la molestia de difundir la inmensa heterogeneidad histórica, social, política, cultural e ideológica de los judíos, también dentro de Israel, donde hay y ha habido movimientos a favor de la paz que no ha habido en los países árabes. He oído muchas veces criticar al gobierno o al Estado de Israel, pero a ninguna de esas personas las he oído escandalizarse porque un país vecino prometa, una y otra vez, echar al mar a sus habitantes. La persistencia de la hostilidad contra los judíos es un hecho innegable, y no hay inocencia que valga, porque, al final, todo suma.




 
 
 
 
fecha 22 de marzo de 2012 01:09
ultima modificacion Ultima modificación: 23:37
autor Por: Beatriz Martínez de Murguía
 
 
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