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Cuando un opositor muere

Rafael Rojas

 

La intolerancia y el odio que el gobierno cubano siente por la oposición pacífica son tales que ni siquiera por decencia puede ocultarlos ante un evento luctuoso como la muerte de Oswaldo Payá Sardiñas, líder del Movimiento Cristiano de Liberación. A través de los proyectos Varela y Heredia, Payá defendió en las dos últimas décadas reformas constitucionales que extendiesen los derechos políticos de los cubanos, residentes en la isla y el exilio. Algo imperdonable para los gobiernos de Fidel y Raúl Castro.

El pasado domingo 22 de julio, Cubadebate, la página electrónica del Partido Comunista de Cuba, publicó una nota roja cualquiera, en la que se reportaba un accidente de tránsito en la ciudad oriental de Bayamo, en el que había perdido la vida un individuo de nombre Oswaldo Payá Sardiñas, “residente en La Habana”. Ésa era toda la información que Cubadebate ofrecía a sus lectores. Ni el día de su muerte el gobierno cubano pudo conceder a Payá el rango de disidente u opositor.

Pocas horas después, en la página de Facebook del mismo Partido Comunista de Cuba, aparecía una foto trucada de Payá, en la que en lugar del retrato que portaba del también opositor Orlando Zapata Tamayo, fallecido en una huelga de hambre en 2010, aparecía un cartel que decía “Oswaldo Payaso”, y encima una identificación del líder católico como “gusano”. Estos epítetos evidenciaban que lo que en realidad no decía la nota de Cubadebate, por hipocresía más que por respeto, no era que Payá fuera un disidente o un opositor, sino un “gusano” y un “payaso”.

Payá demostró una coherencia y un tesón inusuales dentro de la oposición cubana. Desde fines de los 80, cuando creó el Movimiento Cristiano de Liberación, se propuso defender pacíficamente las libertades de asociación y expresión para todos los cubanos, apoyándose en las propias leyes del Estado socialista. Más de una década después, en 2002, presentó ante la Asamblea Nacional del Poder Popular una iniciativa de ley, firmada por 11 000 ciudadanos, que demandaban un referéndum y una reforma constitucionales.

Aquella demanda ciudadana, que se amparaba en las Constituciones de 1976 y 1992, no fue atendida por las autoridades. En respuesta, el gobierno montó su propia iniciativa de ley, que estableció el carácter “irrevocable” del socialismo y afianzó aún más la criminalidad de la oposición. El proyecto Varela dio a Payá una extraordinaria visibilidad internacional, que se plasmó en la concesión del Premio Sajarov por el Parlamento Europeo en 2002. En la primavera del 2003, la mayoría de los miembros de su organización fue encarcelada. Siete años después fue liberada a cambio del exilio en España.

Cuando un opositor muere, en cualquier democracia, se dejan a un lado los odios y se respeta la dignidad del desaparecido. En una dictadura, como la cubana, no es así. La muerte de Payá ha sido groseramente festejada en varios medios oficialistas cubanos. Detrás de ese comportamiento irracional yace la inseguridad moral de quienes no pueden admitir que una persona honesta, convencida de sus ideas, defienda, con métodos pacíficos y desde las propias leyes vigentes, la democracia en Cuba.

rafael.rojas@razon.com.mx




 
 
fecha 25 de julio de 2012 00:55
ultima modificacion Ultima modificación: 02:26
autor Por: Rafael Rojas
 
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