Diario La Razón
Lunes 24 de Julio | 11:48 am
Facebook Twitter RSS Youtube
 
 
Fernando Escalante Gonzalbo Fernando Escalante Gonzalbo
 
Fernando Escalante Gonzalbo
 
¿Y yo por qué...?

Fernando Escalante Gonzalbo

 

Algo tienen en común Vicente Fox, Andrés Manuel López Obrador y Felipe Calderón. Los tres han conseguido gobernar como si no hubieran dejado de estar en la oposición —sin asumir la responsabilidad política por nada. Mirando hacia otro lado, sin hablar de los temas incómodos, dando versiones confusas, contradictorias, negando los hechos cuando hace falta, y echando la culpa a otros.

En el origen imagino que hay algo muy simple: el resorte básico de la cultura política mexicana durante décadas fue el anti-priísmo. En automático, cualquiera que fuese el tema, se podía culpar al PRI, yo todo iba bien. Quiero decir: la gente aplaudía, la prensa lo repetía, la opinión se hacía eco, se ganaban más votos, y de vez en cuando incluso renunciaba un funcionario, o se corregían las cosas. A los tres les quedó el tic, y han seguido empleando el recurso a fondo, ya en el poder. En los tres, y en buena parte de sus equipos, hay el mismo mecanismo: hablar del pasado, de la cultura política heredada, señalar a la prensa, a la mafia, o directamente al PRI. Ahora bien, cualquiera que sea el método, lo grave es la aversión a la responsabilidad política.

La reforma laboral es un caso ejemplar. Se envía a última hora, sin haberla negociado, en medio de un pleito en el PAN, que vota a favor en la cámara pero anuncia una resistencia numantina en el senado... Y por supuesto, es culpa del PRI. El extravío del cadáver de Heriberto Lazcano, o del que se supone que podría ser el cadáver de Heriberto Lazcano, es igualmente típico: no sabemos, semanas después, si era él, si iban a buscarlo, si fue por casualidad, ni siquiera si le tomaron las huellas digitales —Marina remite al gobierno del estado, que remite a la funeraria, que no sabe de qué se trata. Y el presidente habla de otra cosa. Más trágico el asesinato de José Antonio Elena Rodríguez, de 16 años, masacrado por la espalda, con 8 disparos desde el otro lado de la frontera, mientras el presidente está no sé sabe dónde.

Y así el pasteleo del Premio FIL a la piratería. Raúl Padilla se lamenta de que “el daño está hecho” —¿cuál, por parte de quién?— y acto seguido se esconde detrás del CNCA y el FCE, que se esconden detrás del jurado, que se esconde detrás de sí mismo, con un parapeto de cien firmas que no se refieren al asunto. Al final, todos vienen a decir lo mismo, que es como el mantra de la nueva clase política: Y yo, ¿por qué? Desde luego, en este caso, queda el consuelo de que no le van a dar a Bryce el premio FIL, sino algo que se parece al premio FIL, y con el encargo de que mejor no se presente en Guadalajara, porque aquí la verdad no le queremos premiar ni mucho menos oír su discurso de agradecimiento. Se lo dice una parte de la academia, una porción de escritores, porque las autoridades responsables ya dijeron que no son responsables.

Me parece serio: ¿de veras, para eso querían el poder?




 
 
 
 
fecha 23 de octubre de 2012 01:35
ultima modificacion Ultima modificación: 00:20
autor Por: Fernando Escalante Gonzalbo
 
 
Todo sobre este tema
Noticias relacionadas
 
Noticias relacionadas Noticias relacionadas
Notas Relacionadas Los próximos treinta años 02:51
Notas Relacionadas Fuentes consultadas 00:50
Notas Relacionadas Zeitgeist 02:21
Notas Relacionadas Historias 00:15
Notas Relacionadas Más zombis 02:38