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El perseguido

Gil Gamés

 

Gil recordó este principio clásico: muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, Volpi recordaría el día en que Julio Ortega lo llevó a conocer el plagio. Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gamés caviló: Jorge Volpi insiste en llevarle nubes negras al escritor Alfredo Bryce Echenique. Una funcionaria de la FIL le entregó el premio al escritor en su casa de Lima, Perú, seguramente con la intención de bajarle fuerza e intensidad a los vientos huracanados que han pasado sobre Bryce, la FIL y su premio.

Hay una probabilidad de que con los viáticos de la funcionaria, Bryce haya bebido y tragado algunos caldos suculentos a costillas de la feria. Resulta que Volpi ha metido de nuevo la mano al agua caliente y ha publicado una soflama en su periódico Reforma de título estremecedor: “Ante el Comité de Salud Pública”.

Volpi ha inventado un juicio, con poca gracia por cierto, una defensa ante un jurado invisible: “declaro que a los 19 años descubrí Un mundo para Julius y en sus páginas atisbé un mundo entrañable (…)”. Dicen los que saben que desde la persecución de Bakunin a mediados del siglo XIX, no se veía un asedio, un acoso de tales dimensiones, un cerco inhumano a un intelectual.

Bakunin sin dientes, encerrado en prisión por sus ideas, se parece a Volpi en la lucha por las convicciones, perseguido por la defensa de un escritor ladrón que se roba los artículos de otros autores. Volpi sufre, Volpi lucha, Volpi hace el ridículo. Eso de que un día atisbó un mundo entrañable le gustó a Gamés, a quien le fascina atisbar mundos entrañables.

Gilga atisbó, oh, sí, unas palabras del escritor Jorge Volpi: “declaro que, años más tarde, en París, leí La vida exagerada de Martín Romaña y me interesé en el laberinto de sus calles con el mismo desatino de su protagonista, y fui feliz y desdichado con sus delirantes aventuras. Ningún personaje desde Don Quijote me había hecho reír –y sentir tanta compasión– con sus peripecias”.

En París, oh, sí. Qué bonito es lo bonito, y el sentimiento profundo y el corazón en la palma de la mano. Ustedes no pueden ver a Gamés, pero sus ojos miran detrás de una cortina de lágrimas. Jorge Volpi está en su derecho a opinar lo que le venga en gana, faltaba más, pero caracho, ¿de Don Quijote a Martín Romaña no es un poco demasiado?

Y así ha rodado Jorge Volpi, de aquí para allá, en el penoso caso de Bryce. Volpi emplea unas palabrotas que ni los fundadores de la República. Oigan esto, sin tafil, basta con el semblante cariacontecido: “declaro que si ésta es la moral pública que buscan imponernos, la moral de los delatores, yo no quiero ser parte de ella”. Si Volpi estuviera a punto de ser condenado a veinte años de prisión, estas frases ampulosas sonarían heroicas, pero como va y viene dando cursos en universidades gringas a las cuales lo invita Julio Ortega, estas palabras suenan a lo que son: una payasada.

Señor Volpi, no le mueva al asunto porque entre más le mueve más críticas recibe. Críticas que el joven Volpi imagina como juicios sumarísimos de una campaña terrible en contra de la libertad de expresión. Volpi ha perfeccionado un error, llenado costales de pedantería y ocupado el espacio con la tinta de la necedad: un artista (ado-ado-ado).

Gamés recapitula: Bryce gastará el dinero del Premio FIL como le venga en gana y una apabullante mayoría de enterados sabrá que es un plagiario y un pícaro; Julio Ortega seguirá instalado en una universidad gringa y ampliará sus redes de relaciones públicas a las cuales él llama crítica literaria; los otros jurados trabajarán en sus países, en su cubículo, en sus libros; la FIL ha sufrido un daño muy serio, pero no morirá; en cambio, Jorge Volpi ha recibido una tunda marca llorarás, de ésas que tardas un tiempo en quitarte de encima. C’est la vie mon chér.

La máxima de Jules Renard espetó dentro del ático: “Nuestra crítica consiste en reprochar a los demás el no tener las cualidades que nosotros creemos tener”.

Gil s’en va

gil.games@razon.com.mx
Twitter:
@GilGamesX




 
 
 
 
fecha 30 de octubre de 2012 00:00
ultima modificacion Ultima modificación: 09:09
autor Por: Gil Gamés
 
 
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