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Fernando Escalante Gonzalbo
 
Es el público

Fernando Escalante Gonzalbo

 

Días pasados publicó Ciro Gómez Leyva una lista de “las grandes investigaciones periodísticas” del 2012 que a fin de cuentas resultaron ser “engañifas de baja calaña”. El presunto alcoholismo del presidente, las famosas tarjetas de Soriana, la fingida denuncia de fraude de José Aquino… Mencionaba seis, pero decía que sólo son “botones de muestra”. Y es verdad, hay muchas más. Preguntaba Ciro: “¿Alguien se disculpó por irse en banda tantas veces? Qué va”.

Si miramos la prensa del año anterior es igual, y la de cualquiera. Es perfectamente normal que los periódicos en México se presten para difundir rumores, insidias, calumnias, es normal que publiquen mentiras a sabiendas. Nadie se disculpa por la sencilla razón de que el público no lo pide —y ése es el verdadero problema.

El nivel de nuestro periodismo corresponde exactamente al nivel de nuestro público. No tenemos lectores atentos, informados, exigentes, que, según la expresión de Claudio Lomnitz, “encuentren intolerable la mediocridad”. Por eso los periódicos pueden publicar cualquier cosa, y dedicarse básicamente al periodismo de grabadora, boletín y filtración, y encumbrar a auténticas nulidades. Es claro que a la larga todos perdemos con eso, porque la calidad de la conversación pública es lamentable, y resulta imposible incluso ponernos de acuerdo sobre los hechos. Todo es opinable, todo vago, indefinido. El problema es que los medios encuentran irresistible el inagotable margen de impunidad que ofrece ese gratis total de nuestros lectores. Y los políticos también, y el resto de nuestras elites, aunque tarde o temprano todos salgan perdiendo más de una vez.

Por supuesto, lo que pasa con los lectores de prensa periódica es sólo una derivación de lo que pasa con los lectores de libros —que casi no hay. El mecanismo entero de nuestra vida pública está atrofiado. Ahora bien, tratar de corregir las cosas empezando por la televisión abierta, como proponen los alegres muchachos del #YoSoy132, es poner la carreta delante de los bueyes. Es exactamente al revés. Si se va a remediar esto, hay que empezar por los públicos que tendrían que ser más severos, los de lectores de libros. Basta darse una vuelta por la sección de libros de un Sanborns (que es lo más cercano a una librería que conoce la mayoría de la población) para entender el problema. Mientras no cambien nuestras prácticas de lectura, no habremos cambiado nada.

Lo malo es que, hoy por hoy, a las editoriales no les interesa formar lectores de calidad, ni a las revistas ni a la prensa —es más barato producir la papilla indigesta que admite este público de hoy. A los políticos les parece que la lectura es cosa de adorno. En realidad, nadie se lo toma en serio, y sin embargo, habrá pocas tareas de igual importancia para nuestra vida pública.




 
 
fecha 8 de enero de 2013 01:10
ultima modificacion Ultima modificación: 01:04
autor Por: Fernando Escalante Gonzalbo
 
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