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Carlos Olivares Baró Carlos Olivares Baró
 
Carlos Olivares Baró
 
La Epifanía del instante

Carlos Olivares Baró

 

El libro de la semana

Instante: Espacio de tiempo muy breve . / Soplo tajante, santiamén. / Trecho efímero: súbito, inmediato, fugaz, fugitivo, fulminante. / Prontitud, “abrir y cerrar de ojos”. / Relampagueante, imprevisto, precipitado, escueto, resumido, impetuoso, galopante.../ El instante: trama porchiana/juarroziana. “Las pequeñeces son lo eterno, y lo demás, todo lo demás, lo breve, lo muy breve”: Antonio Porchia. Todo puente es abismo acechando al suicida que lo decide todo en un instante. “Y sin ese repetirse eternamente de todo, de sí mismo a sí mismo, a cada instante, todo duraría un instante. Hasta la misma eternidad duraría un instante: otra vez Porchia. El ser se define en lo fugaz, no en la totalidad del espacio. Hay que ser fiel al relámpago que irrumpe. La inmediatez es silencio: sordina arrebujada en los preludios. “Todo silencio es un espacio mágico, / con un rito escondido”: Roberto Juarroz. Errante el hombre en su brevedad de mundo, en su especulación de nombres. “El hombre: mundo en pequeño”: Demócrito. El tiempo y su espiral de fragmentos acuciosos, de inmolaciones en la luz, de asedio por los filos de la tensión. Amilanarse en esos limbos: alevosía inaceptable. “Ah, que tú escape en el instante / en el que ya habías alcanzado tu definición mejor”: José Lezama Lima. Tierra infecunda que no trasmuta. Heredad que huye del intervalo de sol excitante. “Todo tiempo es irredimible/ (...) / En el punto inmóvil: allí está la danza, / Y no la detención ni el movimiento. / Y no llamen fijeza / Al sitio donde se unen pasado y futuro”: T. S. Eliot. El instante: confluencia de alejamiento/representación donde Dios posa su mirada.

Aparece un instante, Nevermore, de Malva Flores (Ciudad de México, 1961), aborda trazos metafísicos que remiten a Ezra Pound y T. S. Eliot: el instante da cabida a una multiplicidad temporal. Reflujos: “y el sol es ya un fermento de frutos / a cielo abierto / un adorno de insecto chocando / en las mejillas”. ¿La evocación, encajamiento en un es que se diluye?: inclinación que tiene el repaso de trasladarse a las espaldas de lo acontecido —atrás, bien atrás—, para retornar fijado en la presencia: a lo que el mundo es ahora, soplo circunstancial: instante. El tiempo oscila, reverbera, salpica las pausas y las quietudes: delirio que sofoca las estaciones: runa desbordada: regato y acorde humedecido. El tiempo coteja todas las posibles conciliaciones: sed, mirada, éxodo, espesuras, silencios, clamores, vigilias… El tiempo cobija las gesticulaciones. El pasado, incidente que se asoma deseoso en la apariencia.

Poemario de ondulada conjuración: las hablas que lo conforman abrazan la eventualidad recurrente de esos hilos frágiles de los nombres: contingencias de las respiraciones del deseo. La duración aquí es fuga y sosiego. “Compás de columpio nuestro arrojo / en su horqueta: / veranda / de una hora que jamás terminaba / sólo fluía”: comenta una de las voces que vagabundea por estos pliegos. Desamparado en las consonancias de un diálogo cobijado en un barranco de sombras, el poeta se deja guiar por una algazara: “manojo de lumbre”, y encuentra refugio en los azoros de una concordia oral de semántica zarandeada: flama de significados: hormiguero refocilante: empalmes de vislumbres asediados por la gracia.

“Como dibujo de largos trazos firmes / un canturreo febril / alzaba nuestras manos / maduraba la sed / en las pupilas / y el dolor / que apacientan las frutas del verano”: atajos: flujo que es permanencia rondando “el hálito fragante de su simulación”. Nunca más el silencio porque la “urgencia del ahogo / abalorio de gulas” presiente la marea del instante inflamado: una asonancia dice más que el equilibrio: en la proporción habita el disimulo. Trémulos espejos, aguijones, cascadas, balastos: caligrafía presurosa que colma estos salmos de retornos: aroma de anís: “resurrección en la carne que a veces florecía / de la noche convulsa”. Poema-hojarasca: códigos superpuestos en los retumbos: repatriación: brama el desconcierto para que el aullido aniquile la sed. La fosforescencia, masa fugaz intacta: casa nómada, la música del verbo: “La luz del ángel desordena el paisaje”.

Aparece un instante, Nevermore: allegro ma non troppo: impetuoso adagio de conmiseración cabalgante. La autora de Pasión de caza en cabal madurez expresiva.

Aparece un instante,
Nevermore

»Autor:
Malva Flores
»Género: Poesía
»Editorial:
Bonobos, 2012
»Costo: 120 pesos


Imprescindible

Hace un año murió Carlos Fuentes (1928 - 2012): uno de los intelectuales de más trascendencia y autoridad en la cultura mexicana contemporánea. Hombre de buen gusto, locuaz, profesor de prestigiadas universidades (Harvard, Cambridge...), escribió varios libros de referencia obligada en la literatura latinoamericana. Su ausencia se resiente: Artemio Cruz no ha muerto todavía, una granizada acre se cierne sobre la realidad mexicana, Ixca Cienfuegos vocea milagros en los atardeceres angustiosos, Consuelo se pasea con la máscara de Aura por la Calle de Donceles, Felipe Montero es una sombra sobre el tiempo...

carlosolivaresbaro@hotmail.com | Twitter @barocarl




 
 
 
 
fecha 25 de mayo de 2013 02:21
ultima modificacion Ultima modificación: 23:51
autor Por: Carlos Olivares Baró
 
 
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