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De mochilera e ilegal, a embajadora: Beata Wojna

Mónica Garza

 

La relación diplomática entre México y Polonia está especialmente marcada por aquellos 1,500 refugiados polacos que llegaron a nuestro país en 1943 huyendo de la Segunda Guerra Mundial.

El entonces presidente de México Manuel Ávila Camacho y el general Vladislao Sikorsky —quien tenía un gobierno en el exilio en Inglaterra— firmaron un acuerdo que duraría hasta que terminara la guerra, y así fue como la Hacienda Santa Rosa en Guanajuato se convirtió en el refugio de muchos “güeritos” como les llamaron entonces.

La memoria fotográfica del hecho histórico destaca en una de las paredes principales del despacho de la actual embajadora de Polonia en México, Beata Wojna.

Confieso que me sorprendió que antes de nuestro encuentro ella no solicitó la lista de preguntas o los temas que se tocarían en la entrevista, ni hubo que nadie se quedara grabando nuestra conversación, como con ese delirio de persecución al que nos tienen acostumbrados a los reporteros muchos políticos mexicanos.

La embajadora que sin mayores protocolos transitaba del incomprensible polaco al perfecto español, despidió a sus colaboradores de su oficina para que pudiéramos iniciar nuestra conversación. Y vaya historia con la que me encontré…

Beata Wojna nació en 1972 en la Polonia comunista. Una etapa que lleva tatuada en la memoria, tanto como el día en el que con sólo 19 años y una mochila en la espalda se fue pidiendo aventón de Varsovia a París, donde vio por primera vez la cara de la democracia.

“En la época comunista uno no se daba plenamente cuenta de que existía otro mundo. Cuando sales y lo ves, es impresionante, te envuelve otra realidad y la deseas”, recuerda.

La entonces joven polaca no soñaba con cruzar el atlántico en una misión diplomática, ella lo que quería era ser arqueóloga en su país y comenzó esa carrera en la Universidad de Cracovia, hasta que su espíritu aventurero la empujó a interrumpir sus estudios para irse a probar suerte en España.

Beata Wojna: Era el año de 1993 y los polacos ya podíamos viajar libremente por Europa. Yo me iba a quedar un año en casa de unos amigos polacos en Madrid. Era como una aventura para conocer otro país, ver cómo vivía la gente ahí, ver otro mundo.

Mónica Garza: ¿Y cómo te mantenías?

Beata Wojna: Pues ¿de qué se puede trabajar siendo migrante? como personal de servicio doméstico, cuidando niños y de mesera en algún restaurante.

Mónica Garza: ¿Qué edad tenías?

Beata Wojna: 21 años y fue una experiencia muy dura.

Y es que la hoy embajadora de Polonia en México pasó años difíciles en España. Su familia apenas podía ayudarla económicamente pues habían migrado de Polonia a Grecia, donde su padre trabajaba como albañil y su madre como costurera.

La joven vivió como ilegal en España casi tres años, hasta que consiguió un permiso de residencia como estudiante de la Universidad Complutense, donde logró inscribirse en la carrera de Historia, que se pagaba con su sueldo de empleada doméstica y sus propinas de mesera.

A mitad de sus estudios consiguió un buen trabajo organizando conferencias en la Asociación Española de Estudios del Pacífico, quien luego le daría una beca para estudiar su doctorado en Historia de Relaciones Internacionales.

Beata habla un español impecable porque en total permaneció diez años en España, hasta que terminó el doctorado y consiguió su primer trabajo —por internet— casualmente en el Instituto Polaco de Asuntos Internacionales con sede en Varsovia. La casualidad la regresaría a su natal Polonia, a donde volvió casi como una extranjera.

Beata Wojna: Cada cambio es como reconstruir tu vida, porque tienes que empezar desde cero. Llegué a Varsovia como a una ciudad desconocida, donde yo no tenía ningún familiar ni amigos. Fue construir durante varios años lazos y vida. Estuve en el instituto nueve años, donde empecé como analista y terminé como subdirectora, hasta que en el 2013 me ofrecieron el puesto de embajadora aquí en México.

Mónica Garza: ¿Qué significaba México para ti?

Beata Wojna: En el contexto diplomático México es el país más importante de América Latina, pero para mí no sólo significaba una de oportunidad profesional sino la posibilidad de cambiar la vida, empezarla otra vez y conocer algo nuevo.

Claro que en la práctica tienes que dejar tu departamento, tus amigos ¡y tu novio!, porque no todos los novios quieren viajar como “consorte” de la embajadora.

Mónica Garza: ¿Eso te pasó? ¿Tuviste que dejar a tu novio?

Beata Wojna: Sí, él no se atrevió a venir.

Mónica Garza: ¿Fue difícil para ti?

Beata Wojna: Reconozco que los primeros meses sí fueron difíciles, enfrentar esta ciudad tan grande, su caos y la contaminación. La sociedad mexicana es muy diferente a la polaca. Allá es muy igualitaria, aquí es muy desigual. Eso sí genera ciertos choques culturales puedo decir.

Beata confiesa que su vida como embajadora de Polonia en México es totalmente contrastante con la que tenía en Varsovia. Ella viajaba en transporte público, no tenía personal doméstico, ni chofer ni toda la pomposidad que implica su estatus de diplomática en nuestro país. Una forma de vida que ella describe como barroca.

Mónica Garza: ¿Te ha costado trabajo adecuar tu vida a los protocolos de la diplomacia?

Beata Wojna: Es cuestión de aprendizaje y eso es fácil. Aunque el protocolo diplomático es ese conjunto de reglas que no se rompen, la diplomacia ahora es una combinación de lo tradicional con lo nuevo, en la forma de acercarse a la gente, de presentarse y de presentar a tu país.

Mónica Garza: ¿Cómo recuerdas tu llegada a México ?

Beata Wojna: Llegué en un vuelo de noche, me recibieron en el aeropuerto dos personas de la embajada que me llevaron a la residencia en la que me quedé sola con tres maletas, parada mirando hacia la escalera y pensando en todo lo que iba a hacer en los próximos cuatro años en ese lugar.

Mónica Garza: ¿Cómo fue para ti entrar a esa casa inmensa en la que ibas a vivir sola?

Beata Wojna: No es tan gigantesca como parece, sólo tiene 400 metros de construcción, aunque es ocho veces más grande que mi departamento de Varsovia que sólo mide 50 metros.

Beata Wojna: Al día siguiente me levanté muy temprano, como a las 5 de la mañana y lo primero que hice fue subirme al techo de la casa para ver desde ahí cómo era la ciudad. Verla me ilusionaba mucho. Luego me encontré con el gato que vivía en la casa y que los primeros meses fue un compañero muy importante para mí.

Mónica Garza: Sin duda no hay mejor manera de adaptarse a México que teniendo un novio mexicano.

Beata Wojna: ¡Sí! Eso permite una inmersión profunda en la sociedad mexicana ¡sin duda! (dice divertida)… Conocí a Carlos (Mota) en su programa de televisión dos meses después de haber llegado a México. Él estaba interesado en hablar de la situación económica en Polonia que actualmente es muy buena, en contraste con otros países europeos que atraviesan una gran crisis. Entonces pidió una entrevista con el embajador de Polonia y pues llegué yo. Después surgió el tema de la guerra entre Ucrania y Rusia y como somos vecinos, pues me volvió a invitar a su programa unas cuatro veces más, y comenzamos a salir.

Año y medio después del primer encuentro el periodista de finanzas Carlos Mota le entregó a la embajadora de Polonia un anillo de compromiso que ella dice haber aceptado sin dudar ni hacerse demasiadas preguntas sobre el futuro.

Mónica Garza: Te queda aproximadamente un año y medio más como embajadora en México. ¿Te piensas quedar? ¿Los mexicanos vamos a ganar a una polaca? ¿o vamos a perder a un periodista?

Beata Wojna: Digamos que Polonia va a ganar a un enviado especial mexicano…

Concluyó irónica esta original diplomática polaca que ya se prepara para el que seguramente será su mayor reto al frente de su embajada, la posible visita del presidente Andrzej Duda a nuestro país en 2017, con la que se reafirmará la relación México-Polonia que en mucho se ha fortalecido sobre todo a nivel comercial en los últimos años.




 
 
 
 
fecha 10 de julio de 2016 00:10
ultima modificacion Ultima modificación: 22:54
autor Por: Mónica Garza
 
 
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