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Las elecciones británicas

Raudel Ávila

 

En 1997, hace exactamente 20 años, el mundo entero observó con interés la llegada al poder de un joven Primer Ministro a Inglaterra: Tony Blair. Bajo la construcción de un movimiento electoral llamado Nuevo Laborismo, Blair convenció a la población de que podía confiar en la izquierda para hacerse cargo del gobierno.

El partido laborista solamente había logrado colocar tres primeros ministros en el poder durante el siglo XX: Ramsay MacDonald, Clement Attlee y Harold Wilson. Ninguno de ellos logró nunca la reelección inmediata. Blair logró la hazaña histórica de que su partido fuera reelecto tres veces consecutivas. Blair triplicó la inversión en escuelas públicas y hospitales sin aumentar la deuda. Además, logró la paz en Irlanda del Norte.

Desde que el laborismo perdió el poder en 2010, las cosas han ido de mal en peor para el partido. Blair es hoy un personaje desprestigiado por su apoyo a la guerra de Irak y por la cantidad de dinero que ganó asesorando dictadores en Oriente Medio. En lugar del grupo de reformadores izquierdistas que formó Blair, desde 2015 asumió la dirigencia del partido un trotskista. Jeremy Corbyn, el líder actual, ha defendido a Hugo Chávez, a Gadaffi, al dictador comunista albano Enver Hoxha, entre otros dirigentes de dudosas credenciales democráticas.

Yo milité en el partido laborista dos años (2011 y 2012), pagando mi cuota mensual, participando en campañas y círculos de formación política bajo el liderazgo de Ed Miliband. Aprendí mucho y estoy escribiendo un libro sobre eso. Me duele ver al partido hoy. Miliband pensaba que con Blair el partido había ido muy lejos en el apoyo a la guerra de Irak, pero valía la pena rescatar la política económica y social del nuevo laborismo. Corbyn no. Él quiere el extremismo irresponsable. Su plataforma de gobierno pretende nacionalizar las industrias y estatizar la economía. Su popularidad en las encuestas es cercana a cero. En un país donde no hay representación proporcional, su partido puede quedarse sin parlamentarios.

Theresa May, la Primer Ministro conservadora del Reino Unido, está feliz y ha convocado a elecciones. En un país con un electorado informado, las propuestas estatistas de Corbyn no inspiran temor como en México. Dan risa.

La pregunta no es quién ganará, sino de qué tamaño será la paliza que el conservadurismo le dará a los laboristas. Treinta o cuarenta puntos de ventaja. Nadie, ni los laboristas, van a votar por Corbyn, un hombre que cree que puede ignorar la globalización. Los conservadores están tan seguros de su victoria, que su plataforma contiene políticas ridículas: Proponen reinstaurar la cacería de zorros. Como en la Edad Media. El debate actual, entre el populismo y la más insultante insensibilidad social.

espaciolarazon3@gmail.com
Twitter:
@avila_raudel




 
 
 
 
fecha 19 de mayo de 2017 00:49
ultima modificacion Ultima modificación: 23:18
autor Por: Raudel Ávila
 
 
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