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Tragedia, farsa y parodia venezolana

Leonardo Núñez González

 

La idea con la que Marx comienza su texto de El 18 Brumario de Luis Bonaparte es célebre y extraordinaria: los grandes hechos y personajes de la historia universal, aparecen dos veces, la primera vez como tragedia y la segunda como farsa.

En este análisis, Marx desmenuzó los hechos detrás del autogolpe de Estado del 2 de diciembre de 1851, en el que Bonaparte, como Presidente de la Segunda República Francesa, disolvió a la Asamblea Nacional para convertirse en emperador. La farsa, en este caso, era la llegada al poder de un segundo Bonaparte como emperador.

Si el autogolpe de Estado de Luis Bonaparte ya era una farsa, no estoy muy seguro de cómo denominar a los eventos posteriores, en los que un autogolpe de Estado ha fungido como un intento de obtener legitimidad y gobernar.

Por ejemplo, después de su llegada al poder en 1990, Alberto Fujimori decidió hacer uso de este clásico del manual del dictador contemporáneo, y disolvió al Congreso de la República. El producto de esto fue el llamado a una Asamblea Constituyente que redactaría un nuevo texto constitucional que, casualmente, le daría más poderes y facultades al presidente y, además, le permitiría reelegirse.

Este par de ejemplos deben ser suficientes para contextualizar la situación que se está viviendo en Venezuela: el gobierno de Nicolás Maduro ha llamado a la elección de una Asamblea Constituyente, que redactará una nueva Constitución, dejando anulado al actual parlamento, que cuenta con una mayoría de oposición al gobierno chavista. La parodia de la farsa pretende darle a Maduro una nueva legitimidad que, si en algún momento la tuvo, hoy es inexistente.

Precisamente por ello, ayer la Mesa de Unidad Democrática (MUD), que agrupa a todas las fuerzas políticas opositoras al régimen venezolano, llevó a cabo una consulta para pedir a los ciudadanos que expresaran su rechazo a la Asamblea Nacional Constituyente que pretende instalarse. Aún sin resultados al momento de escribir este texto, es claro que la participación ciudadana fue considerable y que, además, dejó en ridículo a un ejercicio por demás enigmático que el gobierno decidió organizar el mismo día: un ensayo de su elección del 30 de julio.

La oposición venezolana trata de arrebatarle a Maduro la legitimidad con la que pretende arroparse, después de que se elija a un nuevo constituyente; sin embargo, si no se detiene el ejercicio del constituyente, los votos no importarán; la tragedia, la farsa y la parodia se repetirán, ya que Maduro tendrá un nuevo texto constitucional que ampliará sus facultades y le permitirá oprimir aún más, si eso es posible, a la oposición. Sin duda eso saldrá de una asamblea en la que podrían ser constituyentes, literalmente, el hijo y la esposa del Presidente. Maduro ya no tiene la legitimidad de las urnas ni de ninguna otra naturaleza, pero mantiene y retiene el poder en sus manos y está dispuesto a todo por permanecer así. Desgraciadamente, a esos niveles ha llegado el desastre venezolano.

leonugo@yahoo.com.mx
Twitter:
@leonugo




 
 
 
 
fecha 17 de julio de 2017 00:48
ultima modificacion Ultima modificación: 22:24
autor Por: Leonardo Núñez González
 
 
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