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Julián Andrade Julián Andrade
 
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Los pasos de la señora Wallace

Julián Andrade

 

Las autoridades no debieran festejar nada en el caso del secuestro de Hugo Alberto Wallace.

Pasaron cinco años desde que el empresario fue privado de su libertad, hasta que se detuvo a Jacobo Tagle.

El mérito de la investigación es de la señora Isabel Miranda de Wallace, quien no descansó hasta dar con cada uno de los miembros de la banda que asesinó a su hijo.

La señora Wallace se enfrentó a la desidia policiaca y a la irresponsabilidad de los ministerios públicos. Como tantas víctimas, supo del calvario que se puede padecer al intentar que las autoridades hagan su trabajo.

Pero esta actitud significó, también, el trabajar contra una estadística terrible, la que habla de una impunidad casi absoluta, cercana al 97 por ciento, y que es la que explica buena parte de los problemas que ahora nos aquejan como sociedad y país.

No fueron fáciles estos años para la familia Wallace. En no pocas ocasiones se tuvieron que enfrentar a una ignorancia institucionalizada en el mundo de los policías y sus reglas.

Pero ahí no queda la cosa, ya que en el plano de la administración de justicia las señales no son menos ominosas.

Una nota del reportero Carlos Jiménez, publicada ayer en estas páginas, da cuenta de un hecho insólito: no hay juez para juzgar al asesino de Hugo Alberto.

Augusto Octavio Mejía fue “promovido” a un juzgado de amparo y el asunto quedó al garete, en espera de que otro juzgador retome el expediente, con la pérdida de tiempo que esto puede significar.

No es difícil imaginar cómo serán las cosas en asuntos menos célebres y sin impacto mediático.

Hace unos días conversé con la señora Wallace con motivo de la aprobación de la Ley Antisecuestro.

Me sorprendió su claridad ante un tema que le pega de modo directo, y no encontré en sus palabras rencor, sino la necesidad de avanzar para tener una mejor procuración de justicia.

Para ella, el problema básico es el de la falta de voluntad de los encargados de las áreas de justicia para cumplir con su deber.

¿En cuántas ocasiones no habría cambiado todo con una actuación oportuna de las procuradurías? ¿Cuánta información valiosa ha sido ignorada de modo sistemático?

En el fondo, cualquier reforma sale sobrando, si no hay un viraje cultural que implique el ponerse en los zapatos de la ciudadanía, para comprender la angustia de las víctimas de un delito.

Si se analiza, desde hace años ese es el principal escollo. No se trata de leyes más duras, sino de que el aparato jurídico con el que contamos se cumpla con cabalidad.

Es obvio, pero vistas las cosas parece tarea de titanes el lograrlo, por ello el mérito inmenso de la señora Wallace y su compromiso con la justicia, para ella y para los otros.

julian.andrade@razon.com.mx

Twitter: @jandradej




 
 
fecha 9 de diciembre de 2010 00:15
ultima modificacion Ultima modificación: 02:48
autor Por: Julián Andrade
 
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