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¿Para qué sirven las reformas políticas?

Otto Granados

 

El buscador de Google arrojaba ayer 4 millones 70 mil entradas para la frase “México, reformas al régimen político”. Expresado de otra manera: si las reformas más importantes son, digamos, unas siete (gobiernos de coalición, jefe de gobierno, reelección, sistema de representación, candidaturas independientes, régimen de partidos o iniciativa ciudadana, por ejemplo) entonces hay unas 581 mil tesis, reflexiones, citas, artículos, ensayos, declaraciones, ocurrencias o propuestas para cada una. Supongo que de allí, algún día, surgirá algo más que una elevada productividad verbal.

Lo que es menos evidente, sin embargo, es que la absoluta concentración en la discusión de ese asunto, en los medios y en la retórica política, de la forma, no ha dejado espacio alguno para abordar el fondo y que consiste en tratar de mostrarle al ciudadano por qué es relevante, si es que lo es, tener un régimen político más eficiente o bien si éste es condición sine qua non para producir los bienes públicos que la sociedad exige.

Parece claro, en teoría, que los países más desarrollados suelen contar con sociedades civilizadas, ciudadanías de alta intensidad, gobiernos profesionales, instituciones funcionales y estabilidad política. Digo en teoría, porque hay casos donde la educación es de alta calidad, el crecimiento económico es sostenido y la competitividad elevada, y sus personajes públicos no están como el perro que se muerde la cola preguntándose, vuelta tras vuelta, si su régimen político es bueno o no. Singapur, Brasil, Chile, Japón, China o, en ciertos aspectos, los mismos Estados Unidos tienen estructuras o reglas políticas bastante atípicas y en algunos casos con serias imperfecciones y, sin embargo, funcionan y avanzan.

Por tanto, no deja de ser engañoso hacer creer que la cuestión central es la reforma política – cualquier cosa que eso signifique - y que de allí derivará lo demás. Eso, sencillamente, no es verdad. Imaginemos que el día de mañana pasan varias de las propuestas formuladas y que de pronto se integran un gobierno muy plural y una amplia mayoría legislativa del partido gobernante en el Ejecutivo.

¿De allí surgirán -mágica, disciplinada y automáticamente- las reformas para inyectarle capital privado directo a Pemex y la CFE, rescatar la educación, generalizar el IVA, concluir la reforma penal o el mando único policial en los estados o la laboral, suscribir un TLC plus con EU, revisar y cambiar los títulos de concesión en telecomunicaciones, detener el derroche presupuestal de gobernadores, y un largo etcétera de las cosas que a México le urgen a corto plazo?

No, porque todo eso depende de muchas otras variables ideológicas, históricas, técnicas, financieras o de liderazgo político, que van más allá del problema del régimen y que demandan habilidades y compromisos mayores.

Una práctica política más eficiente es bienvenida. Pero es preocupante que alcanzar ese objetivo sea un pretexto para no plantearse otros, de mucho mayor calado, decisión y complejidad, de cuales podrían surgir bienes más concretos para el país.

Y los que realmente le importan al ciudadano.

og1956@gmail.com




 
 
fecha 26 de octubre de 2011 00:56
ultima modificacion Ultima modificación: 04:40
autor Por: Otto Granados
 
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