Martes 08 Diciembre
El gobierno de Marcelo Ebrard se investiga a sí mismo por las prácticas esclavistas que se realizaban en la capital, con el conocimiento de su gobierno y la participación de policías a su cargo.
Si este hecho hubiera ocurrido en una entidad gobernada por panistas o por priistas, ya habría —con toda razón— una agitación mediática en contra de las autoridades que consintieron la realización de trabajos forzados.
Pero como en el DF gobierna la izquierda, no pasa nada.
Lamentablemente ésta es la izquierda que tenemos. En la política y en la prensa.
Insensible al dolor de personas esclavizadas por el hecho de ser pobres y carecer de recursos para defenderse.
En el gobierno de esta izquierda se persigue en vehículos oficiales a jóvenes que no han cometido delito alguno y se les envía a trabajos forzados para que particulares hagan negocio con su cautiverio.
La insensibilidad medieval del gobierno capitalino se complementa con el silencio de las autoridades y el de su prensa incondicional.
Es cierto que fue este gobierno el que detuvo a los hampones que esclavizaban a personas.
Sí, pero lo hizo medio año después de tener la información detallada de dónde levantaban personas, qué patrullas de la policía realizaban la leva y la dirección en que eran recluidos.
El espléndido trabajo periodístico de Nayeli Gómez y Carlos Jiménez ha permitido conocer la forma en que eran capturados y el trato que los policías del gobierno del DF daban a los detenidos.
El periodista Jiménez narra que el joven Luis, indígena oaxaqueño, descargaba bultos de elotes en la Central de Abastos cuando un par de patrullas se detuvieron. Cuatro policías lo subieron a jalones a uno de los vehículos al tiempo que le decían: “eres un drogadicto, borracho, perro de la calle”. Luego lo pasaron a una combi roja en la que había otros cuatro hombres secuestrados. La combi, escoltada por las dos patrullas, hizo un recorrido por la Central y en ese tiempo levantó a más personas. En total fueron catorce. Luego las llevaron a la clínica, los bañaron con agua helada, les quitaron su ropa y sus zapatos.
La narración anterior corresponde a hechos ocurridos tres meses después de que el Gobierno del DF tuviera conocimiento formal de la realización de esas prácticas.
Tenían los números de las patrullas.
Tenían la dirección del sitio donde eran esclavizados.
Para solucionar el problema sólo tenían que ir al lugar.
¿Por qué no lo hicieron?
Marcelo Ebrard le debe una explicación a la ciudadanía.
Su prensa nunca se la va a exigir. Su partido, menos.
Y ahora el gobierno a su cargo se va a autoinvestigar para saber qué pasó y quiénes son los culpables de esa atrocidad.
Ocurrirá lo mismo que con los muertos en la redada en el News Divine. Nada.
phl@razon.com.mx
fdm