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Columnas

La peor de las alianzas Pablo Hiriart 01:03

Jueves 11 Marzo


Quizá la peor de las “alianzas políticas” que hayamos tenido es la que han entablado los sucesivos gobiernos con la cúpula del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.

Ahí se intercambian ofrecimientos de mantener la paz social, por puestos públicos.

Es el mundo de las apariencias. Una buena cantidad de maestros, es decir, cientos de miles, hace como que da clases y muchos alumnos, es decir, un par de decenas de millones, hacen como que van a estudiar.

Gobiernos del PRI y del PAN, así como del PRD en los estados, han convivido y cohonestado con esos intereses sindicales que dañan a personas de carne y hueso.

El sindicato provee de votos, y el gobierno les da manga ancha para no ajustarse a los lineamientos de la Alianza por la Calidad Educativa, y le regala altos puestos en la SEP y licencias para decenas de miles de maestros que cobran sin trabajar.

Ahí están las alianzas que mayor perjuicio le causan al país. Diputaciones, senadurías, subsecretarías, cargos en el gabinete, delegaciones, dinero, dinero y más dinero para la cúpula sindical. Así no vamos a salir nunca del subdesarrollo.

Ni podremos ofrecer un país con personal calificado para las inversiones productivas.

Tampoco vamos a ofrecer seguridad pública.

La pobreza no es, por sí sola, generadora de violencia. Eso lo dicen las estadísticas del ICESI, y es verdad: entre los estados con menos delitos violentos se encuentran Oaxaca y Chiapas.

Lo que sí provoca violencia es la desigualdad. Y es en las grandes ciudades donde se evidencia la disparidad de capacidad adquisitiva, donde se concentra la mayor cantidad de delitos.

El punto, pues, está en la educación. Ahí se encuentra la gran turbina de la desigualdad mexicana.

El 19 por ciento de la población trabajadora que tuvo acceso a educación de calidad concentra el 80 por ciento de los ingresos salariales del país.

Puesto de otra manera: el 81 por ciento de la población laboral se tiene que conformar con apenas el 19 por ciento del pastel salarial.

Ahí están la desigualdad y sus motivos, a la vista de todos.

¿Tienen alguna culpa esos pocos que ganan mucho por acaparar los grandes sueldos?

Claro que no. Ellos se prepararon para dirigir y para ganar los empleos mejor remunerados.

La igualdad no se construye con base en quitar a los que tienen mucho para dar a los que tienen poco.

Cerrar la brecha de la desigualdad es posible si se dan oportunidades a un mayor número de personas a tener acceso a la educación.

Y eso no se va a poder alcanzar mientras se canjeen planes de estudio por contingentes que cuiden casillas y se alíen al candidato del gobierno.

phl@razon.com.mx


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