Martes 13 Julio
La jerarquía de la Iglesia católica cubana ha anunciado que el gobierno de la isla procederá a la más cuantiosa amnistía de presos políticos de los últimos treinta años. Con la liberación de 52 reclusos, todos los opositores pacíficos arrestados en la primavera de 2003, por delitos de asociación y conciencia, saldrán de las cárceles cubanas. Los primeros presos liberados ya comienzan a llegar a Madrid. ¿Por qué el gobierno cubano, siempre tan dispuesto a apuntalar su legitimidad, no capitaliza mediáticamente esta amnistía?
La noticia fue dada por la Iglesia insular y recibida con entusiasmo por la cancillería española, que encabeza Miguel Ángel Moratinos, quien se involucró personalmente en la negociación y viajó a La Habana la semana pasada. El gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero lleva años intentado derogar o, al menos, reformular la Posición Común de la Unión Europea, que condiciona el mejoramiento de las relaciones con la isla al respeto de los derechos humanos. Los indultos y el fin de la prolongada huelga de hambre de Guillermo Fariñas, piensa Madrid, pueden contribuir a ese objetivo.
Pero así como en los principales medios europeos y americanos la noticia de las liberaciones es acogida con beneplácito, en La Habana la prensa oficial ni siquiera se da por enterada. Para el gobierno cubano resulta incómodo informar a la ciudadanía de tan cuantioso indulto, ya que el mismo debería ser acompañado de una poco creíble reiteración de la culpabilidad de los opositores encarcelados hace siete años.
Esos opositores, como es sabido, fueron acusados de “mercenarios” y “terroristas” al servicio de una potencia extranjera, cuando en realidad sus fiscales sólo pudieron probar que incurrían en delitos de “propaganda enemiga” y “asociación ilícita”. La noticia de la amnistía podría ser interpretada por la ciudadanía como un reconocimiento, por parte del gobierno, de la existencia de presos políticos o de la injusticia de las penas que se les impusieron.
El otro enfoque tentativo, en una improbable cobertura de la prensa oficial, sería que las liberaciones son gestos amistosos con la Iglesia, con Madrid y, en resumidas cuentas, con la Unión Europea. Pero dicho enfoque tiene el inconveniente de presentar al gobierno cubano como deseoso de una revocación de la Posición Común, que facilitaría el acceso a créditos a la descapitalizada economía cubana, sin necesidad de mejorar la situación de los derechos civiles y políticos en la isla.
Quien lea Granma o Juventud Rebelde en estos días observará que más importante que la liberación de 52 presos políticos es la —según Fidel Castro— inminente guerra nuclear. Castro acaba de admitir que se equivocó en su “predicción” de que la guerra estallaría antes de que concluyera la Copa Mundial, pero insiste en que el conflicto viene y que puede ser pronosticado paso por paso. La Tercera Guerra Mundial no ha empezado y ya es noticia en La Habana. El indulto de decenas de opositores pacíficos es un hecho, pero todavía no es noticia.
rafael.rojas@razon.com.mx