Miércoles 09 Septiembre
Los recortes a los gastos del gobierno anunciados por el Presidente se deben a que vivimos la peor crisis de ingresos fiscales de la historia contemporánea.
Está bien que el gobierno se haga liposucción, pero los recortes no generan desarrollo.
Llevamos casi tres décadas con recortes al presupuesto y ajustes al cinturón del gobierno, y en crecimiento económico vamos para abajo en lugar de subir.
Este recorte será inútil si no viene acompañado de medidas concretas para atraer inversión privada.
Como está de escaso y competido el capital que circula en el mundo, la carta que tenemos para atraerlo es abrir nuestro sector energético.
Hay que dar paso a las alianzas estratégicas de Pemex con empresas estatales o privadas del exterior para reponer las reservas que perdimos.
Es imprescindible abrir el campo de la petroquímica básica al capital privado si queremos inversiones, empleo y crecimiento.
El gobierno haría un gran servicio a la causa del ahorro si dejara de gastar mal, como es destinar miles de millones de pesos a financiar empresas del Estado que frenan el desarrollo.
Recortar por recortar el gasto del gobierno es exponerse a que, por ejemplo, se contraten pilotos sin experiencia para volar aviones que transportan a altos funcionarios.
Es exponerse a que se ahorre en medidas de seguridad en las guarderías infantiles.
Seguir apretando el cinturón del gobierno con bajos sueldos, es deteriorar aún más la calidad de los profesionistas que llegan al servicio público.
Por lo que respecta al paquete fiscal enviado ayer por el Presidente al Congreso, resulta muy interesante la propuesta de crear un impuesto del dos por ciento al consumo, y que esos recursos vayan etiquetados al combate a la pobreza.
Eso es lo que ha hecho la izquierda moderna en el mundo. Es que eso es, precisamente, rebasar por la izquierda.
El programa Oportunidades, que beneficia a cinco millones de familias, podrá abarcar a seis millones de familias. Esto es, cinco millones de personas más.
Lo malo es que se quedó corta la propuesta. Gravar el consumo y no el trabajo es la forma menos injusta de tributar.
Por lo que toca a las medidas de ahorro del sector público, lo mejor es la disminución del subsidio para pagar con dinero del fisco las pérdidas del monopolio Luz y Fuerza del Centro.
Es poco lo que se le quita de subsidio: 15 mil millones de pesos en lugar de los 44 mil que se le dan.
Ahí es donde el Legislativo tiene que trabajar.
Aumentar el gravamen al consumo y disminuir el impuesto al trabajo y a las empresas que generan los empleos.
Dejar de financiar empresas estatales improductivas y ponerlas a competir.
Y, desde luego, atraer inversión nacional y extranjera para promover el crecimiento económico y el empleo.
phl@razon.com.mx
fdm