Domingo 04 Octubre
Los que en 2006 tomaron Reforma para echar abajo una elección que sin prueba alguna consideraron fraudulenta, volverán esta semana a las calles para exigir que se valide una elección, la del Sindicato Mexicano de Electricistas, en la que votaron los muertos.
Sólo en la sección de Lechería, donde hay un total de 851 afiliados, votaron tres mil 200 sindicalizados. Todos por Martín Esparza.
Así ganó el candidato oficial las elecciones del SME. Y “ganó” por apenas 352 votos.
El gobierno no puede ser comparsa de una camarilla sindical que exige la toma de nota de la Secretaría del Trabajo.
La exige con las movilizaciones que veremos hoy y toda la semana, entre otras cosas para recibir los nueve millones de pesos que cada viernes le debe depositar Luz y Fuerza del Centro. Treinta y seis millones de pesos al mes, sólo por concepto de descuento de cuotas a los trabajadores.
Está por verse si el gobierno tiene la fuerza para poner un hasta aquí a esa empresa que es un dolor de cabeza para el país, por ineficiente y por onerosa.
Pero la sociedad tiene todo el derecho a exigir que se frene la sangría de recursos a una empresa a la que se deben inyectar 42 mil millones de pesos al año.
¿Con qué cara el gobierno plantea subir los impuestos a los contribuyentes cautivos, cuando tira 42 mil millones de pesos en un agujero negro para cubrir las pérdidas de un monopolio?
El tema sindical y el mal desempeño de la empresa Luz y Fuerza del Centro van de la mano. Sin embargo eso no es culpa de los trabajadores, sino de los gobiernos que han cedido todo en las revisiones contractuales, hasta quebrar a la empresa.
La directiva sindical está en lo suyo al exigir las perlas de la Virgen en cada negociación. El problema es que las autoridades de Luz y Fuerza no tuvieron el valor de asumir su papel y defender a una compañía que es de la nación.
Hasta donde sabemos, nadie le puso una pistola en el pecho a los negociadores de la empresa Luz y Fuerza para ceder y ceder a las exigencias sindicales. Al contrario, esos negociadores tenían detrás suyo la fuerza del Estado y optaron por la salida fácil de decir a todo que sí.
Pues ahora hay que decir que no.
No se puede dar la toma de nota a un grupo sindical que cometió un fraude evidente en las elecciones para reelegir a su líder.
Y tampoco se puede seguir subsidiando a una empresa que da un pésimo servicio, cobra lo que quiere a los usuarios y saca 42 mil millones de pesos al año de la bolsa de los contribuyentes para cubrir sus pérdidas.
El gobierno debe decir no.
Y la sociedad también.
phl@razon.com.mx
fdm