2018: Lo bueno, lo malo y lo violento

El proceso electoral que culmina este domingo quedará marcado no sólo por los rostros que aparecen en la boleta sino también por aquellos que quedaron fuera de ella y a seis metros bajo tierra.

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Este domingo más de 89 millones de mexicanos podremos ir a elegir el proyecto de país que queremos, con conocimiento, consciencia, reflexión, y, ojalá, con una visión más allá de nuestras fronteras.

Salgamos a votar por el cambio que puede ser posible, no por uno improvisado ni como resultado de un apasionamiento poco sano y casi inédito, del que este proceso electoral nos ha hecho víctimas a casi todos.

Fueron 90 días en que los candidatos llamaron al voto con una “spotiza” groseramente nutrida (27 millones de anuncios) y de creatividad lamentable, de la que finalmente podremos descansar.

En este proceso electoral nuestra democracia vio nacer la “intercampaña” y algunas coaliciones de probeta, como un Frankenstein con consecuencias desastrosas que aceleró el fin de varias historias políticas que recibirán su tiro de gracia en las urnas.

La izquierda se unió con la derecha, los progresistas con los ultraconservadores y los aspirantes “ciudadanos” irrumpieron en los estatutos de las más rancias costumbres del partido en el poder con tal de lograr abanderarlo.

La figura de los independientes pareció por un momento alcanzar el sueño de crecer con tal fuerza, que le permitió llegar a la boleta, aunque luego prácticamente desapareciera como un espejismo en el desierto, entre firmas tramposas, propuestas disparatadas y un “mejor aquí me bajo”, con daños colaterales que también tendrán reflejo en las urnas.

Margarita Zavala hizo que se fueran a la basura casi 10 millones de pesos por 57 actos de campaña reportados al INE. Unos 13.5 millones de pesos que equivalen al dispendio de imprimir su nombre en las boletas, a lo que se le agrega el gasto —aún sin cuantificar— del servicio de seguridad que le proporcionó el Estado Mayor Presidencial. Y hablando de rendición de cuentas, al corte de caja final, únicamente en tres estados de los nueve que disputan un nuevo gobierno, los candidatos cumplieron con transparencia su declaración 3de3, esa nueva herramienta que tanto se ha pregonado.

Los pobladores de Arantepacua,Michoacán, se negaron a que el INE instalara por lo menos 47 casillas para la jornada comicial de mañana.

Y ni qué decir de los candidatos al Senado, donde los célebres pluris ni la molestia se tomaron.

Ninguno de los primeros cinco lugares de la lista “privilegiada” del PRI, PT, PVEM y Panal rindieron cuentas de su patrimonio; Morena, PES y Movimiento Ciudadano tampoco cumplieron en su totalidad con esta modalidad que, por desgracia, aún tiene carácter de voluntaria.

Un “pendientito” que, mientras resuelve su obligatoriedad, nos deja de tarea a ciudadanos y medios de información no quitarle la lupa de encima a aquellos para que desde sus lugares en el Congreso cumplan con la fiscalización que se les imponga, para explicar cualquier peso de más o de menos.

El proceso electoral que culmina este domingo quedará marcado no sólo por los rostros que aparecen en la boleta, sino también por aquellos que quedaron fuera de ella y a seis metros bajo tierra.

Hasta la fecha del cierre de campañas se contabilizaron 133 políticos asesinados en todo el país, siendo Guerrero el principal foco rojo, con 14 homicidios.

Pero mientras en México se pinta de rojo carmesí el proceso electoral, del extranjero llega una buena noticia. Según el último corte del INE (dos días antes del cierre de recepción), los votos provenientes de mexicanos registrados en el extranjero sumaban 93 mil 442, con lo que se logró superar en más del 120% los sufragios recibidos de la misma fuente en 2012, que fueron sólo 40 mil 961.

Para este ejercicio electoral, —que también será el más reportado y observado en la historia a nivel internacional—, el Instituto Nacional Electoral prevé una participación ciudadana del 67% de quienes aparecen en la lista nominal.

A pesar del millón 400 mil ciudadanos que estarán encargados de contar los votos en todo el país, y con toda la tecnología desplegada por el INE, el resultado llegará lento.

Para el “día después” tendremos para entretenernos durante la mañana el partido de la selección mexicana contra Brasil, en el que correremos detrás del anhelado quinto partido que desde 1986 no hemos vuelto a vivir en un Mundial.

Pero sobre quién nos gobernará en los próximos seis años, seguramente no habrá sorpresas. Se trata del destino que habremos elegido, “el México que nos merecemos”, y el que nos tocará enfrentar con base en lo vivido y desde cada una de nuestras trincheras.

Mónica Garza

Periodista.

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