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Foto: Especial
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En 1988 llovieron buenos discos. Daydream Nation de Sonic Youth, … And Justice For All de Metallica, It Takes a Nation of Millions to Hold us Back de Public Enemy, I’m Your Man de Leonard Cohen, Doble vida de Soda Stereo, no sólo fueron enormes, sino que terminarían por convertirse en clásicos del rock. Todos son álbums consolidatorios. Cuatro bandas y un solista que alcanzarían un nuevo nivel tanto musical como masivo. El under no se quedaría atrás, también arrojó un producto que se convertiría en un imponderable a la hora de hacer un corte de caja. Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota levantarían la mano por Argentina con Un baión para el ojo idiota.

Existen cosas en las que no es difícil ponerse de acuerdo cuando se habla del grupo, que La mosca y la sopa es su mejor disco pero Un baión para el ojo idiota tiene los temas más emblemáticos del repertorio ricotero. Nada anoréxico. Diez discos, uno de ellos doble. Hasta el momento de su publicación, los Redondos ya tenían dos obras, Gulp! y Oktubre. En ellos está incluido “Ji ji ji” y “La bestia pop”. Cualquiera de los dos temas es tan o más representativo de Patrico Rey que el resto de su discografía. Sin embargo, la oscuridad de Gulp! y Oktubre se atempera en el tercer disco. A ojos del mismo Patricio Rey, Un baión para el ojo idiota captura mejor la atmósfera y el sonido del grupo. Si bien esto tuvo cierta importancia en su momento, en el presente carece de peso. La historia demostraría que cada disco de Patricio Rey sería tan importante como su predecesor o su sucesor.

La historia de los Redondos no la vivió ninguna otra banda de rock de la historia. Gringa, inglesa o de la nacionalidad que sea. Se conformaron en 1976 y no publicarían su primer disco hasta 1985. A partir de ahí no se detendrían hasta convertirse en la banda más masiva del rock en nuestro idioma. Ningún grupo no sajón podía competirle en nivel de convocatoria. Y todo ocurrió desde la autogestión. Y cuál es la fórmula que siguieron los Redondos. Una muy básica. No existe mejor manera de conseguir el éxito que buenas canciones. Y fue así, con grandes canciones, como se abrieron espacio a codazos en un medio que no los había siquiera considerado.

Carlos Alberto Solari, el Indio, el máximo líder ideológico de los Redondos nació en 1949. Por lo cual Patricio Rey fue engendrado en la post-efervescencia hippie. Sin embargo, Patricio Rey sufrió un rápido desdoblamiento. Se decantó por el rock urbano con una marcada crítica social. Más cercano al barrio que a la comuna. Aunque sus hábitos fueran bastante jipiosos. Pero nada de flower power, el jipismo entendido sobre todo como bandera de independencia.

“Patricio rey y sus redonditos de ricota no se detendrían hasta convertirse en la banda más masiva del rock en nuestro idioma”.

La toma de distancia de Patricio Rey no sólo se daba con todas las cuestiones relacionadas con el estrellato, también a la hora de elaborar su discurso marcó una línea con el rock de corte contestatario. Sus denuncias estaban encriptadas. Un hermetismo permea las letras de Patricio Rey. Una poesía a mano que se presta a miles de interpretaciones. Tantas como las de sus seguidores. Lo que salvó a la banda no sólo de caer en el panfleto, sino que les otorgó un carácter atemporal que prevalece hasta el presente.

Un baión para el ojo idiota es un paso al frente pero también un guiño al pasado inmediato. Sin “Ñam Fri Fruli Fali Fru” no existirían “Masacre en el puticlub” y “Aquella solitaria vaca cubana”. Y sobre todo “Mi perro dinamita” de La mosca y la sopa. Si bien el salto musical en Un baion para el ojo idiota es notable, también lo es el viraje en las letras. Que no es otra cosa que el énfasis en el humor que ya estaba presente en “Ñam Fri Fruli Fali Fru”. Ese carácter festivo convertiría a Patricio Rey en una banda inclasificable. Y lo sabemos, las bandas inclasificables son para un reducido grupo de personas. Pero Patricio Rey es la excepción a la regla.

El potencial hímnico de Patricio Rey se había dado con “Ji ji ji”. Estaba claro que no se trataba de un hit. Era un tema que enmarcaba a toda una generación. Ese efecto volvería a conseguirse con “Todo un palo.” Además de grabarse en la mente y el corazón de los ricoteros, es el primer tema de los Redondos con una duración de siete minutos. Esta rola y “Canción para naufragios” comenzaron a introducir lo conceptual en la banda. Que se consolidaría en Lobo suelto, cordero atado.

“El futuro llegó hace rato”, era el grito de guerra de Patricio. Un grito que todavía se escucha treinta años después. 

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