¿A qué llaman “ciclo progresista”?

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Sus críticos menos ponderados lo llaman “castrochavismo” o simplemente dictadura. Sus apologetas les dicen “revoluciones bolivarianas” o “socialismos del siglo XXI”, aunque simpatizantes más cuidadosos prefieren términos como “gobiernos populares”, para contrarrestar la definición precisa de regímenes neopopulistas. Uno de los eufemismos que más circula, recientemente, entre medios latinoamericanos formados en la escuela retórica de La Habana, Managua y Caracas, es el de “ciclo progresista”.

¿A qué se refieren? Fundamentalmente, a los gobiernos de izquierdas disímiles que en la década de los 2000 llegaron al poder en Brasil, Argentina, Uruguay, Chile, Ecuador y Bolivia. El término “progresista” es de larga data entre los propios sectores de la izquierda occidental que, en los años de la Guerra Fría, preferían definirse así para no asumir, por coherencia o por astucia, la identidad ideológica marxista, socialista o, más claramente, comunista.

El adjetivo progresista era utilizado en Occidente en época del mundo bipolar para designar a cualquier izquierdista que no comulgara con el socialismo real de la URSS y Europa del Este. En América Latina, el término fue tradicionalmente adjudicado a socialdemócratas o populistas, nacionalistas o liberales, que no se alineaban plenamente con las guerrillas comunistas, el modelo soviético o el cubano. Lázaro Cárdenas, por ejemplo, fue por un tiempo la personificación de político progresista en América Latina.

Ahora, como entonces, los que abusan de la expresión “ciclo progresista” son, por lo general, quienes piensan que ninguno de esos gobiernos de la izquierda latinoamericana reciente, ni siquiera el chavista, es verdaderamente socialista. Hablar de un “ciclo progresista” les permite marcar distancias sutiles con la falta de radicalidad de esos gobiernos y, a la vez, unificar todas las izquierdas latinoamericanas, cuya heterogeneidad es irreductible, en el bloque imaginario de una Guerra Fría regional.

Ni ideológica ni geopolíticamente ha habido un bloque único en la izquierda latinoamericana de las dos últimas décadas. Fueron múltiples las diferencias entre Lula da Silva, Tabaré Vázquez y Michelle Bachelet, por un lado, y la entente bolivariana de Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia y Ecuador. Aún en los momentos de mayor influencia de Chávez, sus vínculos con el Mercosur nunca estuvieron libres de múltiples fricciones.

El kirchnerismo, con Néstor o con Cristina, fue muy proclive a volcar su política exterior hacia el polo bolivariano, pero el sistema político argentino no experimentó mutaciones equivalentes a las de Venezuela, Bolivia o Ecuador. Incluso entre estos tres países, las diferencias internas son inocultables. La asimilación de todas esas experiencias a un “ciclo progresista” busca más vestir de moderación al neopopulismo que presentar como radical a la izquierda democrática.

rafael.rojas@razon.com.mx

Rafael Rojas

Rafael Rojas

Historiador, internacionalista.
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