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Roberto Matta nació en Chile, en 1911 pero la mayor parte de su vida vivió en Europa.

El crítico de arte Miguel Ángel Muñoz presentó en España sus libros Feito, La vida constante y Los paisajes de la memoria, este último es una recopilación de textos en los que profundiza, a través de ensayos y escritos traducidos del francés, en la vida del artista e incluso autor Roberto Matta.

Considerado como el último pintor surrealista, el chileno pasó la mitad de su vida en Europa, donde se integró a selectos grupos y tejió relación con personajes como Marcel Duchamp, André Bretón o Salvador Dalí.

Aunque fue testigo y parte del ascenso del surrealismo y constató de cerca el éxito de Picasso, su arte y escritura trascendieron su propio círculo hasta convertirse en uno de los creadores abstractos más importantes de la segunda mitad del siglo XX.

“Matta es el artista latinoamericano más importante de la segunda mitad del siglo XX, un rompecabezas en la historia del arte internacional y dentro del surrealismo y del expresionismo abstracto, así que en Los paisajes de la memoria lo que trato de recuperar son sus anécdotas personales que reflejan un poco la relación que mantuvo con otras personalidades y la influencia que tuvo en él el pasado prehispánico latinoamericano y la literatura”, aseguró a La Razón el también historiador y poeta Miguel Ángel Muñoz.

Miguel Muñoz, crítico de arte.

Luego de traducir algunos textos, el crítico rescató algunos de los momentos que marcaron la vida de Matta, entre ellos su primer encuentro con una obra de Picasso que aún estaba en proceso y que consolidó al malagueño como uno de los artistas más importantes de la historia.

“Muchos de los textos que Matta escribió relatan sus impresiones sobre otros artistas. Hay una en particular en donde él se asume como un tonto por no haber reconocido una de las obras que marcarían un hito en la historia del arte. Él se fue muy joven a trabajar a Francia  y en 1937 colaboró con Le Corbusier en la creación del Pabellón Español para la Feria Internacional de Arte de París de ese año, donde la estrella era precisamente Picasso. Una semana antes de que la exposición fuera inaugurada Le Corbusier envió a Matta a donde Picasso trabajaba para presionarlo para que concluyera el cuadro que iba a presentar durante el evento. Cuando el chileno fue a buscar al malagueño, éste lo recibió en short salpicado de pintura diciendo que lo organizadores tenían que esperar a que terminara. Finalmente Picasso presentó el Guernica. Años más tarde, Matta lamentó no haber tenido la sagacidad para ver que estaba frente a una obra maestra en la que sólo vió manchas de pintura”, relató.

Los escritos de Muñoz exploran la biografía de algunos de los artistas más importantes del mundo al que lo une una admiración y a veces amistad.