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Foto: Especial

El escorpión se pasea sobre el aplanado del muro mientras contrasta las dos posiciones en torno a la publicidad oficial y el descomunal gasto gubernamental involucrado en ese proceso. Felipe Calderón usó nada más 38 mil 943 mdp en ese rubro de 2007 a 2012; a su vez, Enrique Peña gastó en sus primeros cuatro años 36 mil 261 mdp en promover mediáticamente sus prioridades. Por ejemplo, en 2016, Aurelio Nuño entregó (a las televisoras, a otros medios y hasta a revistas como Letras Libres) 83.6 millones de pesos de la Secretaría de Educación Pública para “convencer a la sociedad” de la necesidad de evaluar a los maestros como parte de la reforma educativa.

El gasto escandaliza, reitera el alacrán, al recordar cómo los medios en México han vivido desde siempre y  en buena medida de los recursos públicos transferidos por el gobierno a través de la publicidad oficial, y cómo esto se traduce en formas de control informativo. En el caso de los diarios, el problema es aún más grave, pues muchos de ellos no sobrevivirían sin esta publicidad gubernamental ni podrían depender de sus lectores, algo sólo logrado con dificultad por los medios “vetados” por el régimen.

Los medios en México han vivido desde siempre y en buena medida de los recursos públicos transferidos por el gobierno vía la publicidad oficial

Ante esta distorsión tan obvia y peligrosa, el arácnido vio reaccionar a la Suprema Corte de Justicia apenas en noviembre pasado, y demandar al Congreso una ley reguladora. El plazo se fijó para el 30 de abril, de no ser así, la SCJ podría proceder contra los legisladores por incumplimiento. Presionados también por organizaciones civiles como Artículo 19, los partidos presentaron tres o cuatro iniciativas de ley, aunque hasta ahora parecen laxas. Senadores y diputados dicen trabajar en conjunto para poder discutir la legislación a más tardar este 16 de abril. ¿Será?

Pero como mencionó el venenoso, hay una segunda propuesta más radical (asequible en internet), bien racionalizada y explicada en diez puntos por el respetado Raúl Trejo Delarbre. En ella se insiste en abolir la publicidad oficial, pues “ha sido un mecanismo de autolegitimación del poder político y un instrumento para sujetar a los medios. Con el ejercicio de recursos públicos discrecionales y con frecuencia sin rendición de cuentas, los gobernantes han construido, o promovido, una prensa condescendiente y anodina”, dice contundente el experto en medios.

¡Duro y a la cabeza!, corea desde gayola el venenoso, viendo a la vieja prensa boletinera con sus ingresos asegurados por el subsidio gubernamental, enfrentar la encrucijada del año electoral y el tentador flujo de miles de millones de pesos por las venas del sistema de medios de comunicación. El rastrero vuelve a su nido a esperar la conclusión de este melodrama periodístico. 

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