Aeropuerto en el aire

SOBRE LA MARCHA

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Despegó el debate sobre cómo debemos resolver la saturación del aeropuerto Benito Juárez. Hay dos opciones. Los gobiernos actual y próximo exponen sus argumentos, sin embargo, será la consulta pública del próximo domingo 28 de octubre, la que determine la decisión del Presidente electo López Obrador.

Ociosa resulta ya la polémica sobre el método para tomar decisiones, estéril porque el mantra “el pueblo decide”, es una determinación tan firme como simbólica para el próximo mandatario.

Entonces difundamos información, apostemos al contraste de los datos e ideas, porque quien gane el debate público, tomará el timón de la opinión popular.     

Los hombres del Presidente electo afirman que por duro que sea, es mejor perder ya 100 mil millones de pesos por detener la construcción del NAIM en Texcoco, e invertir otros 70 mil mdp más (cifra aproximada), en hacer una nueva terminal en la Base Aérea de Santa Lucía, y combinar operaciones con el actual aeropuerto Benito Juárez. Total, 170-200 mil mdp.

El presupuesto original para el NAIM fue de 120 mil millones de pesos, en 2014 se ajustó a 169 mil millones por ampliaciones al proyecto, lo que equivalía a 13 mil 300 millones de dólares.

Los hombres del Presidente electo señalan que ahora la proyección es de 285 mil millones de pesos, a lo que Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México (GACM), empresa paraestatal responsable del actual aeropuerto y del desarrollo del nuevo, responde que la cifra creció por la devaluación del peso, sostienen que el precio en dólares se mantiene en 13 mil 300 mdd.

Al próximo gobierno le preocupa el costo del mantenimiento del NAIM en Texcoco, el meollo del asunto es el tipo de suelo, vaso lacustre que no tiene placas firmes de subsuelo, hasta 50 o 70 metros de profundidad. Esto no es nuevo, por eso técnicos holandeses que participan en la construcción de las pistas, cada una de 5 kilómetros de longitud, batallan para consolidar el piso y dejar pistas estables al menos por 8 años antes de tener que invertir en nuevas nivelaciones.

El ingeniero José María Rioboó, asesor de AMLO, el de los segundos pisos, afirma que los hundimientos se producirán antes de ese tiempo, lo que garantiza altos costos de mantenimiento crónico.

Rioboó no combate la construcción en Texcoco, sabe que, con buena ingeniería, casi cualquier cosa es posible, él se enfoca más en defender el proyecto híbrido de Santa Lucía-Benito Juárez, por ser más barato (a pesar de la pérdida que clausurar la obra implica) y más rápido de construir.

Sin embargo, los ingenieros asociados de México en colegios y academias entregaron lo que López Obrador les pidió, un dictamen sobre cuál de las dos opciones evalúan mejor y la sentencia fue contundente: Texcoco.

Para los ingenieros, el costo por cancelar la construcción del NAIM es muy alto y va más allá de lo financiero, también consideran que la estimación de costos para el proyecto Santa Lucía-Benito Juárez es superficial, falta el estudio detallado que incorpore otros conceptos como la comunicación terrestre entre ambas terminales (40 kilómetros) y el impacto que, para aerolíneas, tendría una conectividad fracturada.    

Otra consideración es la vida útil de uno y otro proyecto. En el NAIM se podrán mover 70 millones de pasajeros por año al finalizar su primera etapa, entre 2022 y 2023, la demanda proyectada para esos años es de 50 millones de personas. En el proyecto Santa Lucía-Benito Juárez, esa perspectiva se desconoce y además no contempla ampliaciones futuras, el NAIM sí, prácticamente al doble.

Gastar más en una obra de largo plazo o menos en una solución de mediano término, es uno de los varios dilemas a resolver.

Pero el tema nuclear es la aeronáutica, las rutas posibles para las aeronaves al despegar y aterrizar. MITRE, organización sin fines de lucro, que desarrolla los mejores sistemas de seguridad aérea en el mundo, con el respaldo del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), sostiene que la aeronáutica simultánea en el proyecto Santa Lucía-Benito Juárez es acotada. Los hombres del Presidente quieren otro estudio. Seguiremos en el tema.

    

Carlos Urdiales

Carlos Urdiales

Chilango desde 1964, comunicólogo con aspiraciones periodísticas. Formado en la radio informativa, madurado en la televisión y feliz en la prensa impresa. Disfruto el reto de las redes sociales y los nuevos formatos multiplataforma. Nada me deja de asombrar, nada doy por sentado. La compleja realidad, simplifica la vocación que no claudica. Gracias siempre por leer.
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