No tuvimos problemas para adaptarnos al cierre de fronteras, era el regreso del péndulo que en una ocasión tocó la globalización y el libre intercambio, ahora era al contrario, las fronteras eran delimitadas por inmensas construcciones de alta tecnología que protegían a los habitantes de un país del terrible mundo exterior, dentro de esa primera línea, teníamos a ciudades que ponían retenes en sus entradas y dentro de las ciudades, colonias enteras financiaban la construcción de cercos de alta tensión en todo su perímetro y no contento con eso, habían privadas y dentro de las mismas, casas con cámaras, portones eléctricos, alarmas, perros guardianes y por ley, se permitía estar armados dentro de su hogar para proteger a sus seres queridos.

La globalización de la que tanto se habló, se redujo al mundo virtual y mientras más personas se contentaban con estar conectadas, en la realidad, el libre tránsito se endurecía, la xenofobia dejó de ser una palabra que denotaba una conducta impropia e inició su transformación en un descriptor de la vida diaria.

Terminó de teclear el pedido al supermercado pero, por alguna razón, el pago no se estaba procesando. Sacó su teléfono y abrió la app de medición de velocidad, la velocidad era de 512Mbps, eso significaba que no era la velocidad sino que seguramente su hijo estaba utilizando alguno de sus programas que saturaban la red.

-¿Qué haces?-

-Estoy en la escuela má.-

-Si subo y no estás ahí, prepárate para un castigo de todo el día sin conexión.-

Como por arte de magia, la red se descongestionó y el pago del supermercado se realizó correctamente. Se puso una bufanda para no enfermarse por la fría mañana y se sentó en la terraza a fumar un cigarrillo de Thc-Tabaco50%. Mientras soltaba volutas de humo, escuchó el dron y los tres pitidos de su celular que le avisaba de una intromisión en su zona área municipal, el dron se conectó con el servidor de la casa y transmitió el código de pedido, la casa desconectó el sistema de seguridad y el dron aterrizó dejando una caja de cartón comprimido impermeable de baja densidad. Aplastó su cigarrillo y recogió las compras, las acomodó en los estantes y se dobló la caja para la siguiente compra o le aplicarían una penalización.

-¡Baja a desayunar!-

El adolescente bajó a trompicones por la escalera de madera, se embutió los waffles en tres bocados, agarró el vaso de leche y subió a su cuarto para encerrarse con llave.

Suspiró, oprimió el botón de caffelatte y escuchó el anuncio de la cafetería, en un inicio le molestaba, después de un tiempo, ya ni le prestaba atención.

Se puso a revisar la red y a contestar las preguntas de los usuarios del SEC (Seguridad Estatal Coordinada), después de las 25 respuestas tomó su reglamentario descanso y eso solo porque tenía que ir al baño, en caso contrario hubiera seguido su rutina de contestar su cuota de 100 y pasar el resto de la tarde viendo series en la televisión. Ser madre soltera no era algo que fuera mal visto en estos días pero, desde que su hijo había entrado a la adolescencia, la soledad le pesaba cada día más, recordaba cuando para entretenerlo lo llevaba a la plaza comercial y ella leía una revista mientras él jugaba, de vez en vez, encontraba a alguien conocido o se ponía de acuerdo con amigas para platicar y pasar la tarde, a veces lo extrañaba pero no tanto como en un principio, sabía que era por su seguridad y por la paz mental de su niño, además tenía razón el gobierno cuando decía que no podíamos depender de lo que importáramos, que o éramos autosuficientes o tendríamos el pie en el cuello. Claro que extrañaba algunos productos, en especial los dulces a los que se había acostumbrado y la calidad de la mayoría de los productos pero, tampoco había sido tan doloroso, al menos no tanto como lo fue para el sector turístico, hoteles, restaurantes, cafés, bares y el 90% de las concesionarias automotrices y aerolíneas quebraron estrepitosamente y le daba mucho gusto pues los abusivos precios que cobraban eran una forma de sangrarlos además de que, desde que uno podía usar los visores de RV nadie necesitaba salir, además, para que querría uno hacerlo, afuera estaban los indigentes, los inmigrantes, los desposeídos, salir a la calle era arriesgarse a toda una serie de eventos terribles, asaltos, muerte, sangre, fuego y destrucción. Lo sabía por la radio, por los informes en redes y por los cientos de preguntas de la SEC, sí, quizá extrañara un poco los tiempos pasados pero, por ningún motivo pediría que regresaran si con eso se sacrificaba la seguridad de su hogar, que afuera se mataran, mientras ella y su hijo estuvieran dentro de sus círculos de seguridad, de tranquilidad, de paz, casi como cuando estaba en el vientre de su madre… no necesitaba nada más.

La propaganda funcionaba de manera perfecta, la mitad de la población trabajaba para la SEC que, entre sus múltiples funciones estaba la vigilancia cercana, la del vecino al vecino, en ocasiones, denunciaban absurdos pero, hasta los absurdos generaban exhorto, sanción y multa y el gobierno necesitaba recursos para los pagos y eso junto con el impuesto del pago de servicios por el uso del espacio aéreo de los drones de servicio y por supuesto, el control absolutos de todos los aditamentos de protección. Sí, la propaganda funcionaba perfectamente. Encendió su puro Tabaco100%, bajó la ventanilla de la limusina y se congratuló que lo que antes era un caos de vehículos y gente, ahora fueran enormes avenidas vacías, limpias y en una deliciosa ironía, seguras gracias al miedo infundado al exterior.

-¿Cómo van los invitados Jesús?-

El chofer preguntó por su auricular. -Todos reunidos señor.-

-Excelente.-

La reunión se llevaría en el campo 32, una larga extensión de tierra donde los indocumentados, los indigentes, los presidiarios y los “desaparecidos” producían de sol a sol los productos perecederos de consumo.

Los dirigentes de las naciones más poderosas junto con su séquito y los empresarios de las grandes tiendas departamentales estaban en una sala acondicionada para poder observar el movimiento lejano de las miles de personas que se dedicaban a la cosecha, desde que se dieron cuenta de que la información minaba el control social, iniciaron el caos, la guerra y el miedo, luego se aislaron para “proteger” a sus ciudadanos y en tan solo veinte años lograron contener dentro de sus casas al grueso de su desesperada sociedad, todo fuera por su paz, su seguridad, prosperidad y claro, protección… la suya por supuesto y si para eso necesitaba tener la propaganda del miedo activo, así sería hasta que todo estuviera en condiciones de soltarlo, lo que quizá, desde su perspectiva no sería en su vida o en la vida de los hijos de sus hijos y para ellos era que hacía lo que hacía y claro, también para los demás.

Terminó de trabajar y prendió la radio, afuera las cosas estaban mal, muy mal, al menos ella y su hijo estaban tranquilos y seguros, no necesitaba salir, solo de pensarlo le provocaba un pánico terrible, la respiración se le iba y el corazón empezaba a palpitar aceleradamente. Tan intenso fue su terror que su pulsera biomédica mandó una alerta y un dron de respuesta rápida con acceso directo dejó en el jardín una dosificador de ansiolítico. Menos mal que su gobierno había respondido y existía la tecnología para protegerse.

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