AMLO: en el filo

FRENTE AL VÉRTIGO

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El miércoles 8 de agosto, Andrés Manuel López Obrador recibió la constancia que lo acredita como ganador de la elección presidencial de 2018. No será hasta el 1 de diciembre que asuma el cargo de Presidente de los Estados Unidos Mexicanos. Llegará con la mayoría de los escaños en ambas cámaras del Congreso y con un importante número de congresos locales, con mayoría para su coalición electoral.

A su vez, luego de dos elecciones previas, Morena se hizo de sus primeras cinco gubernaturas en 2018: Chiapas, Ciudad de México, Morelos, Tabasco y Veracruz. La salud democrática de México cuestionada en 2006 y en 2012 se transformó, gracias al INE (y a la amplia victoria del tabasqueño), en la convicción de que México está más cerca que nunca de la consolidación democrática.

Irónicamente, a pesar de la confianza democrática que generó la elección del 1 de julio, algunos ven en las mayorías de Morena y en la personalidad del nuevo Presidente de la República, tendencias autoritarias. Es cierto que en ocasiones, como describe Levitsky en How Democracies Die, los autócratas no lo son desde un inicio, su transformación depende de los frenos que se encuentren en el camino al intentar desarrollar su plan de gobierno y su ansiedad por dar resultados. Un ejemplo es el del expresidente peruano Alberto Fujimori que, al enfrentarse a un congreso adverso, decidió aprovechar una laguna constitucional para disolverlo.

Como explica Levitsky, no todo depende de los frenos y contrapesos del sistema presidencial, como con el que cuenta México de iure, sino también de reglas no escritas. Hay telarañas en las prerrogativas de los representantes y en la formación de mayorías, que por tolerancia a las preferencias divergentes y por prudencia política no son comúnmente utilizadas. El que AMLO goce por lo menos tres años con un Congreso amigo, no significa que el último debe estar sujeto a sus órdenes. Que el Presidente de la República cuente con capital político suficiente para modificar a su antojo el sistema institucional del país, no implica que deba convertir el país en su laboratorio social.

Un gobierno que puede utilizar todas sus prerrogativas debe ser cuidadoso de cuándo, cómo y si debe ejercerlas. De existir un firme compromiso democrático y social por parte del gobierno y las legislaturas entrantes, estamos frente a un escenario ideal para compensar al México que no ha recibido los beneficios de la competencia económica. De mantenerse el ánimo democrático, incluso confiaría en modificaciones al sistema político mexicano y en su incorporación al “nuevo” constitucionalismo latinoamericano, el cual establece el intercambio de períodos más cortos de gobierno, como de 4 años, por la reelección consecutiva o no consecutiva del Ejecutivo Federal. Resumiendo: dependemos de la prudencia y moderación de AMLO y sus correligionarios, el que convivamos con un gobierno ejemplarmente democrático o latentemente autocrático.

Pedro Sánchez

Politólogo por el ITAM.Experiencia en temas electorales y de corrupción.

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