AMLO: mejor, imposible

QUEBRADERO

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López Obrador lleva varias semanas gobernando. No ha tenido que tomar posesión para hacerlo. El propio Presidente Peña Nieto le ha ayudado notoriamente para que, sin tener la banda presidencial, parezca que ya la trae.

No queda claro si el todavía Presidente anda en la sobrevivencia o en la civilidad política. Lo que es relevante, es que la transición ha sido tersa y pactada.

Lo que hemos visto y vivido durante los últimos tres años ha colocado a López Obrador como quien dicta y sentencia la agenda del país. Es el que ha definido los temas y el tono de las discusiones. En el país se ha hecho periodismo y política bajo el tono que ha querido y dictado el Presidente electo.

A querer o no, dicho esto incluso por sus cada vez menos detractores, López Obrador ha sido el eje sobre el que ha girado la política nacional en los tiempos recientes. Llevamos bajo estas condiciones un buen rato; todo está en función del tabasqueño. El resultado de la elección está siendo el colofón; nos lo ha colocado como eje y centro del país.

La sociedad mexicana, además de que mayoritariamente así lo decidió, ya lo asumió. López Obrador está en todo tipo de conversaciones, incluyendo las familiares, mesas redondas y comentarios. Se ha convertido en un fenómeno social no sólo por la contundente votación que recibió.

Prueba de ello son los resultados de la encuesta sobre el Presidente electo que realizó Parametría. 71% de los encuestados aprueban a López Obrador en el proceso de transición. Esto quiere decir que ha incrementado su aceptación de 53%, que fue la votación que obtuvo el 1 de julio, en 18%.

¿Cuál es el techo del Presidente electo? Recordemos algo importante al respecto: cuando fue Jefe de Gobierno terminó con una aceptación de 80%, a pesar del muy armado intento de desafuero.

Estuvo cerca de perder la elección por la CDMX y algunos especialistas piensan que si el proceso se hubiera programado una semana después de la fecha original, la posibilidad de una derrota era inminente. Al final, el resultado fue muy parejo: Santiago Creel se quedó en la orilla.

López Obrador entendió el mensaje de la elección y se puso de inmediato a gobernar. Poco a poco se fue ganando a quienes estaban escépticos o en su contra, entre ellos, los millonarios de la CDMX.

A pesar de las innumerables turbulencias que se le fueron presentando, algunas de ellas producto de su propio entorno, al final terminó con altísimos niveles de popularidad; algo inédito en los políticos mexicanos.

Todo indica que este fenómeno se está repitiendo. López Obrador va a tener una capacidad de maniobra como Presidente mucho mayor que la que tuvo cuando fue Jefe de Gobierno de la CDMX. No es lo mismo gobernar la capital, que todo México; pero lo cierto es que el país está hoy más cerca de López Obrador de lo que estuvo la CDMX del tabasqueño, cuando la gobernaba.

Si bien el Presidente electo ya se mueve como Presidente, un paso realmente importante para echar a andar sus objetivos es el que se va a dar mañana.

La instalación del Congreso, el cual parece su Congreso, va a permitirle colocar en la mesa los temas que particularmente le urgen. No va a tener que esperar al 1 de diciembre para gobernar. Dirán algunos que de facto ya lo hace, lo cual es relativamente cierto. Sin embargo, en los hechos el Presidente es Peña Nieto; lo parezca o no.

Con el nuevo Congreso, ahora sí López Obrador empezará a gobernar y construirá los nuevos escenarios políticos.

Desde el 1 de julio ya es su tiempo, pero formalmente lo será a partir de mañana.

RESQUICIOS.

Soy el gobernador, les pido que me guarden el cargo un rato. Regreso rápido, nada más voy a la capital para que me den mi constancia como senador. Ahí les encargo la gubernatura, ya ven que ahora ando cerca de ya saben quién.

Javier Solórzano Zinser
Javier Solórzano Zinser

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