La animación mexicana más ambicioso cierra el festival de Morelia

La cinta, de Carlos Carrera, reflexiona sobre las pérdidas y la locura; tardaron 11 años en terminar de rodarla

Cartel Promocional de la cinta Ana y Bruno. (Foto: Especial)

Se cumplieron quince años del que quizás sea el evento fílmico más importante de nuestro país, y el festejo no sólo se distinguió por la fuerte presencia de mexicanos —encabezados por Guillermo del Toro—, sino porque por primera vez, la película de inauguración y la de clausura fueron producciones animadas.

Ana y Bruno, obra de Carlos Carrera, uno de los directores más celebrados de nuestra industria, cuya filmografía incluye títulos como La mujer de Benjamín, Un embrujo y El crimen del padre Amaro, fue la encargada de cerrar el Festival Internacional de Cine de Morelia.

El dato

  • La filmación estuvo detenida por años debido a la falta de presupuesto para su realización

La cinta, basada en la novela Ana de Daniel Emil, tiene altibajos en cuanto al acabado visual. Por un lado hay fondos de gran belleza, que logran reproducir paisajes mexicanos sin caer en la literalidad y el costumbrismo y por el otro hay secuencias que evidencian cierta austeridad técnica, además de que a algunos personajes les falta detalle en su diseño. Sin embargo, el concepto tiene identidad, pero lo que es más importante, está al servicio de una emotiva reflexión sobre la pérdida. Se sustenta en un discurso inteligente acerca de la locura como una forma de estigmatización.

El desarrollo es claro y el ritmo es consistente. Al director no le tiembla la mano a la hora de apretar y voltear la tuerca, que hace más complejo el relato. El humor es uno de los ingredientes más importantes, sirve de contraste para la inevitable carga emocional que se va acumulando conforme se desvelan las circunstancias de la protagonista, que acompañada por una serie de insólitas criaturas, busca reencontrarse con su padre, para que éste le ayude a salvar a su madre, recluida en un psiquiátrico y acechada por un terrible monstruo.

La película, que contó con un proceso de realización de casi una década, es una animación tan divertida como inteligente y profunda.