Año nuevo

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El 2 de enero inició formalmente el 2016. Se diría que empezó el primero, pero para muchos ese día es aún la secuela de la fiesta del 31 de diciembre, o bien una fecha que para algunos vale la pena ser borrada del calendario por la cruda o la siesta de dieciocho horas derivada del reventón. Desde entonces comenzaron a pasar por las casas de empeño todos aquellos que gastaron de más en las fiestas navideñas y de fin de año y necesitan efectivo para enfrentar la llamada “cuesta de enero”. Muchos iniciaron la promesa de hacer dieta para bajar de peso o dejar el tabaco definitivamente, aunque la mayoría recaiga en unos días, unas semanas o unos meses.

Lo que viene para este 2016 tendrá herencias del 2015: continuarán las incógnitas que rodean la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, el rechazo por parte de la cnte, de la reforma educativa, el perverso matrimonio de la izquierda con la derecha con fines electorales, la acumulación de multas para el Partido Verde, la aparición de nuevos chapulines, grillos y delfines, el me-vale-madre de los gobernantes por sus gobernados, el aumento de los salarios y gastos de representación de los funcionarios de los tres niveles de gobierno, la caída del peso, la corrección a la baja de los índices de crecimiento y los precios del petróleo. Y seguirán los mismos baches en las mismas calles, la falta de agua en Iztapalapa, la impunidad de la delincuencia organizada en Tamaulipas, el aumento de la pobreza en Oaxaca, Guerrero y Chiapas, el peligro de ser periodista en Veracruz y, en el caso de la Ciudad de México —ex Distrito Federal—, la aplicación exitosa de mil o dos mil multas de tránsito diarias en una urbe que comete en el mismo lapso dos y medio millones de faltas.

Conoceremos este año el perfil de la nueva Secretaría de Cultura, a la que muchos trabajadores temen porque los han convencido de que su fin es terminar con los sindicatos del inah y el inba, y por lo tanto desconocer sus derechos. Morena y López Obrador seguirán trabajando a marcha forzada para estar a la cabeza de las principales preocupaciones de los partidos políticos con miras al 2018. Los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro pondrán de nuevo al descubierto las carencias, la corrupción y las luchas de poder del deporte en nuestro país. Sabremos si Cuauhtémoc Blanco tiene madera para gobernar la capital de Morelos —que por cierto desconocía antes de que el psd le propusiera postularse— o bien si los cuernavacenses le sacarán la tarjeta roja: al cabo que tiene tantas en su historia que una más solo le provocará otro berrinche. Sin duda, renacerá la papafilia en su versión franciscana y su prolongación guadalupana. Sea quien sea que resulte electo como representante de los republicanos a la presidencia de los Estados Unidos, estarán a la vista los índices de xenofobia del país vecino.

Se espera para este año (o los que siguen) —con fundamento o no— que el Chapo sea recapturado para darle el premio nacional de ingeniería de túneles y la medalla Papillon. Que la maestra guerrera Gordillo cumpla su sentencia en la cárcel y no en el jacuzzi de alguna de sus casas. Que Fox piense lo que dice antes de hacer declaraciones con tal de salir en los periódicos, ya que sin Rubén Aguilar, su exvocero, nunca tendremos la certeza de qué quiso decir.

Que la producción, venta y consumo de la marihuana sean temas de discusión seria más allá de las declaraciones en pro o en contra que todos quieren hacer a través de los medios. Que se le haga la afinación y el servicio al corruptómetro con observadores internacionales. Que no haya más escándalos con casas, terrenos y aviones comprados en lo oscurito con influencias y recursos públicos. Que Chabelo deje de ser un tema de conversación. Y que los atlistas renueven su esperanza con el regreso de Rafael Márquez al nido (con dedicatoria a Trino).
Feliz año nuevo.

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