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Gabriel García Márquez en la redacción de La Jornada en 1985. Foto: Cuartoscuro
Gabriel García Márquez en la redacción de La Jornada en 1985. Foto: Cuartoscuro

Aunque uno sufra como un perro, no hay mejor oficio que el periodismo”, solía decir Gabriel García Márquez, quien incursionó en esta profesión en 1948 con coberturas sobre el cierre de la Universidad de Cartagena durante el llamado “Bogotazo”. Ahí el oficio lo atrapó hasta sus últimos días.

Justo ese trabajo que realizó en el periodismo, el cual, según él, le dio las herramientas suficientes para crear sus novelas, se reúne en un nuevo libro que recoge 40 años de labor, primero como reportero y luego como columnista. Se trata de El escándalo del siglo, que el próximo mes llegará a las librerías de Europa bajo el sello Vintage Español.

El libro, incluye 50 artículos del  vasto trabajo que publicó en diarios como El Universal, El espectador, El Heraldo de Barranquilla, El País, entre otros.

El escándalo del siglo, “comienza con el joven Gabo durante su tiempo trabajando en la costa (colombiana), que recién comenzaba como escritor, y abarca unos 40 años, hasta mediados de los 80, cuando era un autor consagrado y maduro. Esta antología revela a un escritor entretenido en sus orígenes, siempre divertido y agradable, cuyo periodismo apenas se distingue de su ficción”, detalla en la introducción, el periodista y escritor estadounidense Jon Lee Anderson.

El primer gran reportaje de Gabriel García Márquez se publicó el 12 de julio de 1954; en éste reconstruyó para el diario El Espectador la historia del alud que sepultó a más de 70 personas en Media Luna, una vereda de las montañas que rodean Medellín. Ahí contó cómo los niños Alirio y Licirio Caro lograron salvarse. El texto se publicó con el encabezado “Hace 70 años comenzó la tragedia”.

“El periodismo es una pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad… Nadie que no lo haya vivido puede concebir siquiera lo que es el pálpito sobrenatural de la noticia, el orgasmo de la primicia, la demolición moral del fracaso”

Gabriel García Márquez

Escritor

Así comprobó cómo se puede hacer un reportaje de la nada, pues cuando llegó al lugar ya no había sobrevivientes, buscó en los alrededores cómo podría contar la historia y dio con los menores que son el eje de su texto.

Más tarde alcanzó prestigio por una serie de crónicas acerca del único sobreviviente de la nave ARC Caldas de la Armada Nacional, que cayó al mar. Y ya para su etapa de madurez logró crónicas que ahora se consideran imprescindibles para todo aquel que se dedica o busca ejercer el periodismo.

El juramento, un relato en torno al futbol; Caracas sin agua, un reportaje que narra el drama que vivió esa ciudad venezolana por la falta del líquido vital; y El cartero llama mil veces, que retrata el destino de la correspondencia que nunca puede ser entregada, son algunas de estas crónicas.

De acuerdo con Cristóbal Pera, editor del colombiano, los artículos que se incluyen en la antología permitirán a los lectores apreciar la evolución que tuvo el autor de Cien años de soledad en el periodismo. En los textos hay, aseguró a Efe, “una voz reconocible, la formación de esa voz narrativa a través de su trabajo periodístico”.

Obras periodísticas

Algunas de las más importantes son:

  • Cuando era feliz e indocumentado, 1973
  • Chile, el golpe y los gringos, 1974
  • De viaje por los países socialistas, 1978
  • Periodismo militante, 1978
  • El amante inconcluso y otros textos de prensa, 2000

“Hace 70 años comenzó la tragedia”

El lunes 12 de julio, un poco antes de las siete de la mañana, los niños Jorge Alirio y Licirio Caro, de once y ocho años, salieron a cortar leña. Era un trabajo que realizaban tres veces por semana, con un pequeño machete de cachas de cuero, gastado por el uso, después de tomar el desayuno en compañía de su padre, el arenero Guillermo Caro Gallego, de 45 años…  Aquel día, sin embargo, Jorge Alirio y Licirio no desayunaron con su padre, pues este salió más temprano de ordinario hacia “La Iguana”, una quebrada al otro lado de la ciudad (10 kilómetros aproximadamente), donde Caro extraía arena para la venta en terrenos de Luis Enrique Burgos, a quien pagaba, $10 semanales por derecho de explotación.

Los niños se dirigieron por la carretera hacia la tienda de Media Luna, que da su nombre a todo el sector, porque suponían que por aquellos lados no había llovido la noche anterior y podía encontrar madera seca…

FRAGMENTO DEL REPORTAJE QUE SE PUBLICÓ EN EL DIARIO EL ESPECTADOR