Sábado 5.12.2020 - 12:03

"Ven mi amor, ven"

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Si alguna conclusión positiva se pudiera sacar de este diabólico episodio es que en México hay demasiada gente buena.

Miles y miles de voluntarios junto a militares y rescatistas profesionales, arañando roca y polvo en busca de la más mínima señal de vida, escarbando literalmente bajo toneladas de concreto en una batalla contrarreloj contra la muerte.

"Ven mi amor, ven, no tengas miedo, ven", le dice un señor q se mete por una grieta bajo las ruinas de lo que fuera una escuela a una niñita en shock, cubierta de polvo. Y saca a una, dos, tres, cuatro criaturas de ese infierno donde han muerto otros 32 niñitos. Con cuánta delicadeza y ternura los llama en el momento del horror: "Ven mi amor, ven".

Tanta gente en las calles donando sangre, insumos médicos, linternas, pilas, soga, cubos, cuadrillas en motocicletas que se movilizan a través de las redes sociales para llevar combustible en bidones adonde haga falta, las señoras que ofrecen sándwiches y sopas a los rescatistas, empresarios enviando maquinaria pesada, esas miles y miles de manos retirando con cuidado piedra a piedra toneladas de ruinas para llegar adonde haya un atisbo de vida.

Esas imágenes de gente tan entregada y solidaria pueden sin duda más, mucho más, que veinte años de malos políticos , de narcos sanguinarios, de secuestros y horror, desgobierno y desigualdad lacerante, de mala prensa y miedo, permanente miedo.

Siempre he pensado que México pare a los criminales más despiadados y a las personas más trabajadoras y educadas. Un puja permanente entre el bien y el mal, como las placas en fricción del terremoto. Pero México da muchísimo más: también nos ha mostrado que en el peor de los momentos tiene una reserva infinita de la especie más solidaria del mundo: los mexicanos.