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Foto: bbc.co.uk
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Con un abrazo a los amigos de Milenio

El canto y la música son el lenguaje que los mortales crearon hace unos 60 mil años para comunicarse con los dioses. Sus voces mágicas y religiosas fueron los primeros instrumentos musicales. Aretha Franklin fue la cantante número uno de todos los tiempos, según Rolling Stone. Su raíz musical era el góspel que cantaba desde niña en la iglesia bautista de Detroit por ser hija del predicador y mánager C. L. Franklin. Su productor de cabecera en Atlantic, Jerry Wexler, la consideraba genio musical. Se ganó el trono de La Reina del Soul con una corona de dieciocho Grammys y al cantar era una santa por la magia de tocar el espíritu de los oyentes.

Me tocó en los ochenta, viendo The Blues Brothers de John Landis, cuando empezó a cantar “Think” con Belushi y Aykroyd iluminados y sacudiendo la locura. Sabía de Gloria y Donna, pero Aretha era #LadySoul. Escribía canciones combativas, era extraordinaria en el piano que aprendió de oído a los once años y hacía mejores versiones que las originales, como “Respect” de Otis Redding, que convirtió en un himno femenino. Fuera de serie y pionera en todo: en 1957 tenía en contra ser mujer, afroamericana, cantante y madre soltera, pero no dudó en participar en el movimiento de los derechos civiles y la equidad de género. Fue la primera mujer en entrar al Salón de la Fama del R&R, al Salón de la Fama del Reino Unido y en recibir las medallas top gabachas: la Nacional de las Artes y la Presidencial de la Libertad. Como símbolo cultural cantó en el funeral de Luther King y en las tomas de posesión de Obama, Carter y Clinton, momentos esenciales en la historia reciente de Estados Unidos y del black power.

“Hacía mejores versiones que las originales, como  Respect de Otis Redding, que convirtió en un himno femenino”.

Aretha Franklin sacó el gospel de los templos y lo llevó a las calles. Encarnó la canción de Hurley/Wilkins, “Son of a Preacher Man”, cuya versión es entrañable y más grasosa que la de Dusty Springfield. A la tesitura media de su voz mezzosoprano le agregó el secreto para ser tan emocional y conmovedora, explica Wexler: el fraseo perfecto y el rango vocal de cuatro octavas con su particular melisma, las variaciones tonales de una sílaba, técnica que en la antigüedad se utilizó para inducir un trance hipnótico a través del canto. La última vez que se presentó fue en 2017 en Nueva York, en un concierto de la fundación de Elton John contra el VIH. Creo que no se le escapó ningún género ni estilo afroamericano en sus cuarenta álbumes y más de 120 sencillos, spiritual, góspel, soul, blues, jazz, r&b, rock and roll, doo-wop, funk, pop, reggae, hasta ópera en los Grammys de 1998… con razón también era llamada la voz de la América negra.

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