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Fuente: shutterstock.com

Licenciada Le Rouge:

Soy una profesionista de 33 años, y desde niña, no sé cómo decirle, me siento fuera de lugar. Me gustaba estar con los grandes, con los adultos, en otro mundo; a los niños no les hacía ningún caso, incluso hasta me tenían miedo porque yo nunca me asustaba por nada, ni siquiera cuando nos perseguía Miguelón con su ojo muerto y sus gritos de loco (en realidad no es que no me asustara —además de feo renqueaba grotescamente— pero conociéndole otros ángulos no resultaba tan desagradable).

Yo sé que usted sabrá ayudarme, licenciada. Al principio no sabía la razón por la que los grandes me parecían más interesantes que los niños, después de todo nunca tenían tiempo para atenderme, no sabían responder mis preguntas y me platicaban cosas insoportablemente aburridas (como si yo fuera una niña).

¿Qué veía yo en los hombres? (altos, largos como edificios, velludos y morenos, sobre todo morenos), me he preguntado mil veces y jamás hallé la respuesta. Es por eso que recurro a usted, licenciada, buscando un puerto seguro que me permita descansar, un juez sin partido ni prejuicios, alguien que me aclare el porqué de este torbellino de concupiscencia en el que me debato desde los nueve años.

Leyendo su columna que a diario ayuda a tantas mujeres que sufren, me
doy cuenta de que encontraré una mano amiga. Sin embargo, precisamente porque sospecho que es usted mi última esperanza, le suplico que no incluya esta carta en su “Consultorio”.

Por lo pronto le agradecería ver con cuidado mi caso y responderme —si lo considera pertinente —a Lista de Correos 3A, atención La Musa Porno.

Estimada señora:

Me apresuro a decir que no acostumbro intercambiar cartas habiendo ya tantas herramientas virtuales, pero su caso me interesa. Necesito una relación de lo que considera sus problemas a fin de darme una idea de la forma en que podría ayudarla. Con gusto mantendré fuera del periódico y de miradas ajenas toda referencia de los detalles que usted me confíe. Para economizar tiempo, anexo una serie de preguntas sobre cuyas respuestas podremos trabajar, le ruego que las desarrolle. Un favor: modifique su pseudónimo, es un asunto de autoestima.

Licenciada Le Rouge:

Me alegra saber que podremos intercambiar correspondencia y que ésta no aparecerá publicada.

Licenciada ¿cómo podré atreverme? Pero, no sé, francamente el cuestionario me asustó al principio y después me dio risa; parece un examen. Si quiere mi opinión, creo que yo sería más elocuente y natural si respondiera las preguntas en una especie de relato que las incluyera todas. Además de evitar mi extrañeza ante expresiones como catatonia, hiperviolencia sexual o juegos de castración, ayudaría que fluyera para relatarle cosas que no aparecen en el cuestionario.

Me angustia que de no recibir pronta respuesta pudiera usted reconsiderar su ayuda, así que le envío esta carta sin el relato mencionado. Calculo que las primeras páginas se las enviaré en dos o tres días.

En cuanto al pseudónimo, pongo en mi defensa que más bien es un alias que he disfrutado por años y cuyo sonido, en boca de ciertos hombres, me pone frenética. Si le parece mejor usaré sólo las iniciales LMP.

Estimada señora:

Tengo muchas solicitudes y me temo que si no me hace llegar el cuestionario no podré establecer su cuadro clínico. De cualquier manera espero su relato. La grafología me ha dado una aproximación a su caso, así que ya no serán una sorpresa algunas líneas de comportamiento que me describirá. No obstante, quisiera cotejar mis resultados con las hipótesis grafológicas de Harris y Jones.

Licenciada Le Rouge:

Adjunta encontrará la historia de los primeros años de mi problema. Ojalá tenga la paciencia y la tolerancia para leerla y perdone las limitaciones del lenguaje que utilizo. LMP.

Señora:

Si no se trata de una ficción, de verdad no tengo palabras para referirme a su enfermedad. He visto y leído casos de senectofilia, pero jamás había documentado alguno en el que una niña de nueve años hiciera lo que usted hizo de su tío abuelo. La pasión por el detalle determina que no ha superado la etapa sexual infantil; no pude evitar cierto prurito al tener que leer —por disciplina profesional— las desviaciones que usted narra.

Considero que la violación de la que dice haber sido objeto por parte del caballerango musculoso y bruto no fue tal, pues a mi parecer usted lo provocó al presentarse en su barraca desnuda y con pastillas de dulce pegadas en todo el cuerpo.

Le ruego que de ser posible limite sus descripciones de sexualidad explícita.

Licenciada Le Rouge:

Estoy doblemente apenada. Primero por el mal rato que la he hecho pasar; y luego porque al no poder saber anticipadamente su opinión le envié la segunda parte de mis experiencias aun antes de recibir su respuesta.

Tiene toda la razón, me excedí, soy una persona repugnante, un hormiguero de perversiones, es por ello que solicité su ayuda.

Pero no se preocupe, ya no la molestaré más. No sé cómo me atreví a distraer su precioso tiempo. Le ruego que destruya todas mis cartas. Suya. LMP

Señora:

No se castigue más. No es mi deseo causarle angustia sino invitarla al control, encauzar su energía erótica y buscar un diagnóstico adecuado y por tanto una mejor perspectiva de recuperación.

Su caso me ha hecho reflexionar, cada episodio parece el germen del siguiente y la desviación va en aumento a medida que transcurre el tiempo. Me pasma la precisión con la que es usted capaz de retratar hasta el mínimo detalle de… bueno, de esos actos que sonrojarían a alguien menos acostumbrado que yo a examinar conductas atípicas. De hecho, pienso que tiene usted cierto don, cierto talento artístico, aunque mal encaminado y peor alimentado por la lujuria y el desatino propios de su padecimiento.

Creo que los periodos vacacionales durante su adolescencia fueron esenciales para evolucionar sus desórdenes, pues la tendencia al bestialismo en sus tempranas relaciones sin duda se ve estimulada por las estancias en la granja de su padrino, quien afortunadamente ya está a buen resguardo psiquiátrico.

Una recomendación urgente es que suspenda usted las relaciones con esos primos que ahora, a la vuelta de 22 años, ya no son los niños de antaño jugando al doctor.

PD: La narración de cómo tuvo usted intercambio sexual con el manubrio de la bicicleta que le regaló su papá es tan francamente enfermiza, pero tan vívida y honesta, que uno no sabe si repudiarla o admirar su capacidad de comunicación y sensualidad. Me ha dejado usted sumida en una inquietud que debo analizar.

Licenciada Le Rouge:

No sabe cuán feliz me hizo el saber que mi torpeza pudo enderezarse. A pesar de mis problemas, tras estas semanas de intercambio postal siento que he avanzado. Su ayuda ha sido muy valiosa.

De acuerdo con su consejo, en el último encuentro que tuve con mis primos propuse la suspensión de relaciones íntimas. Excepto Mauricio y Ramiro (el primero en tránsito de una crisis gay, y el segundo en tránsito de ordenarse sacerdote) los otros se resisten a interrumpir las orgías quincenales, pero ya les he puesto como límite un par de citas más antes de cerrar ese círculo.

Licenciada, algo me dice que escribiendo mis recuerdos soy capaz de conjurar este espíritu lujurioso que se relame de vicio dentro de mí. No sé, es como decirle al mundo: mírenme, aquí estoy, abierta completamente y… pero no, usted pensará que se agrava mi locura. En fin, le estoy enviando el resto de mi historia; claro que he tenido que discriminar, no todo ha sido memorable aunque sí tumultuario, y no quiero abusar del tiempo y la atención que me dispensa.

Ay, pero siento que con esta carta se terminará algo; la narración abarca hasta la actualidad (verá usted que el evento de la disco sucedió apenas antier) y entonces tal vez tengamos que interrumpir nuestra correspondencia por las múltiples ocupaciones que usted de seguro tendrá que cumplir. Suya. LMP

Estimada LMP:

Quiero conocerla personalmente, se halla al borde de un abismo, ha perdido las fronteras de lo perverso y anda los caminos de la perdición física y psicológica. Su última carta es verdaderamente incendiaria, el cromatismo y las descripciones sensoriales me han dejado sin respiración.

Licenciada Le Rouge:

Disculpe la tardanza en responder. Mi esposo me tiene incomunicada por un pequeño y excitante acuerdo de cuyos detalles luego le platicaré. Aprovecho que Apolonia —la sirvienta, que tiene un papel secundario en el juego—
entra para conocernos. Pero le adjunto un dvd con imágenes de nuestra fiesta de Navidad del año pasado.
LMP

LMP:

Según mi opinión profesional usted y su familia están contaminados de un incurable cáncer psicológico. Según mi opinión personal, quiero que me invite a su casa esta Navidad. C

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