Baby driver música y velocidad

Si existe dentro del panorama hollywoodense un director que puede ser considerado como de culto, ése es Edgar Wright.

Con películas como Shaun of the Dead, Hot Fuzz y World’s End —conocidas como la trilogía del “Cornetto”—, no sólo ha dejado en claro su enorme capacidad para referirse a la cultura pop, sino para reinterpretarla con humor e ingenio, manteniéndose siempre fiel a su propio estilo —razón por la que abandonó Ant Man de Marvel—, lo que le ha valido hacerse de una enorme cantidad de seguidores, que esperan con ansia el estreno de cada proyecto en el que se ve involucrado.

Tal es el caso de Baby Driver, o El Aprendiz del Crimen, que resulta ser de sus propuestas más personales, no por nada es una idea que había traído en la cabeza desde que era un joven veinteañero y se la pasaba escuchando Bellbottoms, de Jon Spencer Blues Explosion, mientras imaginaba persecuciones de autos. Aquí el protagonista es un joven conductor especialista en escapes, interpretado por Ansel Elgort —Carrie, Bajo la Misma Estrella—, que depende del ritmo de la música incluida en su muy personal banda sonora, para hacer bien su trabajo.

Su futuro es incierto y peligroso hasta que conoce a una chica que le hará considerar dejar de lado su vida criminal. El problema surge cuando tiene que enfrentar las secuencias de lo mal que resultó el último encargo que le hiciera el jefe de una banda criminal —papel que por cierto recae en el siempre interesante y efectivo Kevin Spacey— para el que se vio forzado a trabajar.

La película desde un principio deja las reglas claras y las mantiene con firmeza hasta el final, es la música el principal motor de la narrativa y la que define las situaciones. No hay una sola rola incluida que se sienta gratuita o forzada, cada una encaja con naturalidad después de la otra, entre espectaculares persecuciones sustentadas en una historia romántica de fórmula, que se viste de thriller y es heredera de las clásicas películas de atracos de los setenta, con todo y personajes de pasado tormentoso y filosofía derrotista, siempre al borde de los dilemas morales y en espera de la redención.

La trama no es la más original del mundo, ni mucho menos. Por el contrario los puntos de partida son algo trillados y en su momento se lo cobran al director, quien no puede evitar que todo el asunto resulte un tanto previsible.
Sin embargo, eso no es lo que importa para alguien como Wright, un conocedor de los códigos del género, que aquí hace lo que place con ellos, y recurre a un montaje poderoso y fresco, además de una estilizada manufactura, para delinear y conducir a toda velocidad un vehículo de entretenimiento poderoso, seductor y de naturaleza cinematográfica pura.

Click para ampliar
entre27i-9.jpg