Balance anual del matrimonio igualitario

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El año que está por concluir ha mostrado ganancias y pérdidas respecto al reconocimiento del matrimonio igualitario. Al evaluar las victorias hay que considerar que en tan sólo seis años (2010-2016) se ha hecho posible celebrar matrimonios entre personas del mismo sexo en nueve entidades federativas, las últimas cinco durante el último año.

El matrimonio igualitario es ya una realidad en casi una tercera parte del país. En contrapartida, el envío a la congeladora legislativa de la iniciativa presidencial para incluir estas uniones en la Constitución federal significó un paso atrás, pues no sólo generó una inusitada resistencia entre varios grupos sociales, sino también, de manera inédita, que el PRI se abstuviera de apoyar una propuesta de su máximo líder.

La revisión de los casos en que el matrimonio igualitario ha sido aprobado muestra la inexistencia de reglas respecto a las alianzas que lo han concretado. Si bien es cierto que el PRI ha sido gobierno en la mayoría de los estados donde estas uniones se aprobaron, no en todas las entidades regidas por este partido hay matrimonios igualitarios. Algo similar ocurre con el PRD. Excluyendo a la capital federal (pionera en el reconocimiento de este derecho), fue hasta 2016 que dos gobiernos perredistas (en Michoacán y Morelos) acordaron regularlo. En ningún estado gobernado por el PAN los matrimonios homosexuales se han legalizado.

Los avances no deben llevar a subestimar los obstáculos inmediatos. El principal son las alianzas entre PAN y PRD. El reconocimiento de estos matrimonios se justifica en términos de igualdad y no discriminación.
Teóricamente ningún partido se manifestaría contra estas reivindicaciones. En la realidad, no obstante, la firmeza de sus convicciones tiene como límite la obtención del poder. En las alianzas celebradas entre PAN y PRD en los comicios de 2016 expresamente se omitió cualquier mención al matrimonio igualitario. El año que viene habrá elecciones en tres estados. En Coahuila y Nayarit estas uniones ya están reguladas, de modo que el tema no influirá en la contienda. En el Estado de México la celebración de un acuerdo entre estos partidos significará excluir estos matrimonios de la agenda electoral.

Otro obstáculo a considerar es la homofobia, abierta o disimulada, prevaleciente en los partidos. Este año ha sido abundante en casos como el de la diputada tabasqueña de Morena quien manifestó que los gays no deberían existir. También está el excandidato presidencial tricolor en 2000, Francisco Labastida, quien atribuyó la derrota del PRI en los pasados comicios locales no a la rapiña de algunos exgobernadores sino a la iniciativa presidencial sobre matrimonio igualitario. Y qué decir de los senadores perredistas que, durante su posada, mientras rompían una piñata con la efigie del próximo presidente estadounidense aullaban el tristemente célebre grito de “puto” con que la afición mexicana agrede al portero del equipo rival.
Es lamentable constatar que, a pesar de los reconocimientos legales, culturalmente falta mucho para avanzar en la aceptación de los derechos de las minorías sexuales.

mauricio.ibarra@razon.com.mx
Twitter:
@mauiibarra

Mauricio Ibarra

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Abogado (UAM) y maestro en Economía y Política Internacional (CIDE).
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