Better Call Del Paso

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Mi primer encuentro con Breaking Bad sucedió una noche de zapping. Me resistía a dejar el domingo morir. Una imagen me resultó familiar. Ah, cabrón. ¿Fernando del Paso? Me detuve en el canal AMC. No era el escritor. Lo confundí con el abogado de la serie. Ambos ostentan una preferencia por un vestir estridente. Trajes de colores pastel, corbatas bicolor, hasta una estética del rosa mexicano. Lo único que los diferencia son los lentes oscuros que luce Del Paso. Signo inequívoco de su estatura de rockstar.

El sábado pasado por la mañana, en el zapping de la cruda, vi a Saul Goodman en la pantalla. Una repetición de Braking Bad, pensé. Regresé un par de canales. Pero no era el abogado. Era la carrocería de Fernando del Paso. Se trataba de la transmisión en vivo de la ceremonia de entrega del Premio Cervantes. A sus ochenta y un años, es el sexto autor mexicano en ganarlo. Y el único al que se lo deberían haber otorgado, comentó alguien a mi lado. No respondo. Pero sin duda también José Emilio Pacheco lo mereció. En la universidad Alcalá de Henares, sentado en una silla de ruedas, Del Paso concluyó un viaje que iniciara ocho décadas atrás. Recibía la recompensa a tanto esfuerzo, dedicación y sacrificio. Por ponerse al servicio de la lengua. Y confeccionar tres de las novelas capitales del idioma español.

Con el Cervantes, la obra de Del Paso, por momentos ninguneada, menospreciada, por fin obtuvo el reconocimiento que merecía desde el principio. Calidad nunca le faltó. Pero las acusaciones en México contra José Trigo (que en 2001 fue nombrada como una de las cien mejores novelas en español por El Mundo), la desigual percepción crítica y otros malentendidos fomentaron cierto distanciamiento entre el autor y su aceptación como una figura indiscutible de nuestras letras. Pero ahí donde algunos veían dificultad de lectura y barroquismo, otros observamos obras maestras que preservaban la idea de tradición en una literatura mexicana huérfana de grandes novelistas. Afirmación que refrenda el Cervantes, no por su pátina oficial, sino porque ya era imposible seguir ignorando lo evidente. Fernando Del Paso es el escritor vivo más grande de la lengua española. Y sus tres novelas un momento único de esplendor dentro de la literatura que jamás se repetirá. Y era indispensable que se le reconociera.

En su discurso de aceptación, Del Paso, quien en los últimos años ha sufrido de altibajos en la salud (pero que a partir de la serie de homenajes y premios, el FIL y el Alfonso Reyes, se ha repuesto para estar a la altura y recuperado el habla a partir de la lectura de Noticias del Imperio) confesó haber subido quince veces al quirófano. Lo que vuelve su empresa más inconmensurable. Del Paso tuvo que acometer dos luchas. Ambas físicas y espirituales. La que corresponde a su salud. Y la de pergeñar más de 2 mil 500 páginas repartidas en tres novelas. Mientras Del Paso lidiaba con sus padecimientos, escribía. Yo sólo he subido al quirófano una ocasión. Por una cirugía menor, estacionaria. Y me aterré. No quiero volver a saber nada del asunto. Qué güevotes de Fernando para estar enfermo toda su vida y edificar semejante obra catedralicia.

Fernando del Paso no la ha tenido fácil. Y hubiera resultado de una ingratitud sin precedentes no haberlo condecorado mientras aún se encuentra con vida. Ingratitud con su empeño, con la literatura y con nosotros mismos. Sus pasos por el hospital, sus diálogos con la muerte, su carácter de irrenunciable, no hacen sino incrementar el tamaño de su leyenda. Quién tiene los arrestos para dedicar ocho años a una novela, diez a otras dos, y jamás reclamar nada. Ningún sitio. Ningún aplauso. Sólo esperar a que la obra se imponga. Como viene ocurriendo de unos años a la fecha. En que las cosas se han revertido. Y el Del Paso incomprendido ha comenzado a impactar a las nuevas generaciones. La generosidad de Del Paso es inabarcable.
Obsequiarnos tres novelas como José Trigo, Palinuro de México y Noticias del Imperio y guardar silencio es una de las enseñanzas más grandes de nuestras letras.

En su discurso, Del Paso declaró que no se detendría. Que continuaría escribiendo. Si alguien sabe que la literatura tiene consecuencias es él. Y vaya si pagó el costo. Por eso ahora es el jefe. Porque fue el único que en carrera de fondo llegó a la meta. En silla de ruedas pero terminó la competencia. Rulfo, Yáñez y él. Lo más grueso de nuestro Canon.

Viva Fernando del Paso.

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