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Foto: buddyguy.net
Foto: buddyguy.net

Despistados con aires de listillos han declarado la muerte del rock, el blues, el jazz y el soul. Pero el legendario guitarrista Buddy Guy cumplió 82 años el 30 de julio y con su arsenal de todo aquello despachó el potente The Blues Is Alive And Well. ¿A quién le crees?

Todo empieza a deslizarse con guitarra slide desde “A Few Good Years”; la producción es de Tom Hambridge, el mismo de Skin Deep, Living Proof y Born to Play Guitar, tres Grammys a Buddy Guy por los mejores discos de blues. Entre el dolor inevitable/pasajero y el sufrimiento opcional/duradero hay un gozo reservado para los que se atreven al blues. Guy está catalogado como el guitarrista número treinta entre los cien mejores de la historia, nada mal para quien hizo su primera guitarra con una caja y dos cuerdas. La necesidad te hace capaz. Su camino de sufrimiento musical tiene cuatro escalas: los sótanos de Baton Rouge en su natal Louisiana, donde tocó un par de años con John “Big Poppa” Tilley. Su peregrinaje a Chicago siguió las pisadas de Muddy Waters en 1958, donde grabó con Magic Sam en Cobra Records, antes de irse a Chess como guitarrista de sesión de los grandes. 

“Se le reconoce como la conexión entre la tradición y la electricidad, el cable que unió a Chicago con los bluseros del rock”.

Leonard Chess se negaba a grabarlo en directo porque “Buddy era puro noise”, refiriéndose a la distorsión y el feedback de su estilo. Siguió la dupla con Junior Wells en la voz y la armónica, grabaron una decena de discos, entre ellos el clásico Buddy Guy & Junior Wells Play The Blues. La cuarta es su ascenso al Olimpo en 1990, cuando Eric Clapton declaraba que formó Cream después de ver al trío de Guy, y lo invitó a tocar al Royal Albert Hall. Su revival inició con Damn Right, I’ve Got the Blues, desde entonces se le reconoce como la conexión entre la tradición y la electricidad, el cable que unió a Chicago con los bluseros del rock, Hendrix y los blancos. De pionero eléctrico a rey del blues, siempre incorporando recursos para llevarlo más alto y más lejos, su legado se oye en los brillantes Joe Bonamassa, Gary Clark Jr. y Christone Kingfish Ingram.

En The Blues Is Alive And Well, Guy y Hambridge la armaron en grande con quince canciones diabólicas como “Guilty as Charged”, “You Did the Crime”, “Whiskey for Sale” y pepitas de a kilo como el boogie-woogie “Ooh, Daddy”, “Bad Day” y “Somebody Up There”. Hay un cover de Sonny Boy Williamson, “Nine Below Zero”, y tres composiciones de Guy: “Old Fashioned”, con una deslumbrante sección de metales y un saxofón gordo; “Milking Muther For Ya”, montado a pelo en su Fender Stratocaster; y la joya del sombrero, “Cognac”, en la que Jeff Beck y Keith Richards se avientan un mano a mano con su maestro y se trenzan en un duelo de requintos de antología. Seguro que con esto Buddy se embolsa su octavo Grammy.

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