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Un adolescente en Managua oculta su rostro para exigir el cese a la represión, en una protesta del 2 de agosto. Foto: AP
Un adolescente en Managua oculta su rostro para exigir el cese a la represión, en una protesta del 2 de agosto. Foto: AP

La necedad del régimen de Daniel Ortega de hallar a supuestos “golpistas”, a quienes achaca la inestabilidad de su gobierno y la crisis política tras las protestas que iniciaron desde el pasado abril, alcanza ahora a los más inocentes. Los niños nicaragüenses viven más que una simple fantasía del monstruo que acecha debajo de la cama, no, no está ahí, está en las calles, está armado, los culpa del caos, va por ellos a sus casas, los tortura para hablar de una verdad que no comprenden, los apresa, los mata.

De acuerdo con la Federación Coordinadora Nicaragüensede ONG que trabaja con la Niñez y la Adolescencia (Codeni), 28 niños y adolescentes han sido asesinados por paramilitares del Frente Sandinista de Liberación Nacional, el partido gobernante, además liderado por el actual presidente, Daniel Ortega y su familia.

¿Por qué a los niños? Reportes de la Codeni reflejan que las víctimas fueron vinculadas con “levantadores” de las protestas contra el gobierno, han estado en medio de los ataques de la fuerza pública en su llamada “Operación Limpieza” o han caído por los disparos a sus casas, o simplemente por caminar cerca de una marcha; en algunos casos, las muertes se deben a la privación de servicios de salud.

Gráfico: La Razón de México

Del total de muertos, la mayoría de los registros (15) presentó disparos en el tórax y en el cuello; cinco menores recibieron una bala en la cabeza; cuatro fueron derribados con impactos mortales en el pecho o estómago y dos murieron calcinados, cuando los paramilitares incendiaron su hogar.

En Managua, el diario local La Prensa difundió la denuncia de una familia cuyos tres hijos: de 19, 18 y 14 años padecieron del brazo represivo de Daniel Ortega. El chico menor, a quien se identifica como BG, debe esconderse en el ropero, sus padres lo cubren con la ropa para protegerlo de los paramilitares que merodean su casa.

BG fue capturado a inicios de julio por policías y paramilitares, lo sacaron a golpes de su casa y lo subieron esposado a una patrulla. “Me decían: Ya sabés que aquí te vamos a hacer hablar o si no te mandamos para El Chipote (penitenciaría donde llevan a la mayoría de detenidos por las protestas) para que ya te hagan hablar. Te vamos a desaparecer para que no te encuentren”.

A BG le preguntaban por las identidades de las personas que participaron en la quema de la alcaldía de Granada el pasado 5 de junio, cuando arreciaron las protestas en la ciudad.

Un día antes, los paramilitares dispararon contra sus dos hermanos, uno de ellos fue herido en la cabeza y trasladado al hospital. “Los médicos no le estaban poniendo mente y la Policía llegó a buscarlo pero no lo miró”, dijo su papá.

Gráfico: La Razón de México

A BG lo soltaron horas después y lo entregaron a su padre. “Les decía que yo tenía 14 años, pero ellos me decían que no importaba, que a como estaba esta situación eso ya no valía”.

Otro adolescente, también de 14 años, denunció haber sido marcado con las iniciales FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional), partido de Ortega; lo agarraron entre ocho y 10 supuestos agentes para tatuarle las letras con una aguja y un líquido que le quemó la piel, luego lo amenazaron de muerte. La mamá del menor comentó que la Policía Nacional se negó a aceptar la denuncia porque ella y la víctima llegaron con un abogado.

Estos muchachos libraron la muerte, pero ésta no fue la suerte de Teyler Lorío, un bebé de apenas 14 meses; Nelson, su padre, lo vio morir luego de recibir un disparo en la cabeza el pasado 23 de junio.

“No tenía color ni partido político, estaba en estado angelical. Jamás se imaginó que le iban a disparar”, compartió Nelson Lorío, al reprochar las “labores de limpieza” que ejecutan paramilitares.

  • El Dato: La ley prohíbe cualquier forma de violencia o neglicencia, por acción u omisión a los derechos y libertades de los niños y adolescentes.
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