Calando al presidente

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Foto: Especial

Parece extraído de El Laberinto de la Soledad, pero los 14 ataques del fin de semana contra retenes, sedes policiacas, patrullas, cuarteles y convoyes militares indican que el narcotráfico está “calando” al Presidente Felipe Calderón para ver cómo reacciona en esta, su hora más baja.

Así como en su obra Octavio Paz describe la filosofía del mexicano de “calarte” para medir hasta dónde te puede llegar, el crimen organizado ha emprendido su mayor escalada armada en el momento exacto en que cree que el mandatario se encuentra solo y derrotado.

El narco pudo ejecutar una ofensiva similar en una oportunidad anterior. Pero hasta hace una semana el mandatario gozaba del más alto nivel de popularidad (sobre 6.9 en mayo) e incidía sobre el Congreso mediante una mayoría relativa de 206 diputados de su partido, Acción Nacional.

Era, entonces, un gobernante en forma. A la oposición le resultaba tan riesgoso negarle algo que, en sólo 18 meses, le aprobó las reformas de seguridad que quiso, como las de la legalización del arraigo, las intervenciones telefónicas, los cateos y la ley de extinción de dominio.

En cambio, el 5 de julio lo expuso como un jefe menguado, cuya popularidad resultó ser tan subjetiva que a la hora buena no le alcanzó para jalonear al PAN, que perdió 63 escaños en San Lázaro y se quedó como un partido sin vigor legislativo para impulsar sus propuestas.

Ese es el Presidente de México que hoy cree tener enfrente el crimen organizado:

—Con la popularidad a la baja

—Frágil ante el Congreso

—Rebasado por el PRI

—Cimbrado dentro del PAN

—Superado por la crisis económica

De ahí que escogiera esta circunstancia para “calarlo” y haciéndolo como un ejército estructurado, con ataques coordinados de bandas diferentes: La Familia simultaneó sus acciones en Morelia, Pátzcuaro, Apatzingán, Zitácuaro, Lázaro Cárdenas, Huetamo, Zamora y Tarentán. Los Zetas usaron el viernes en Zatactecas tácticas de ordenamiento de asalto y apoyo.

Pero la respuesta de Calderón no puede ser la de conducir los tiempos políticos, de modo que robustezca su perfil como el único Presidente de la historia “que le ha entrado” al problema del narcotráfico.

Tiene que ser la de un estadista ocupado en atender los reclamos de sus gobernados, y en el mantenimiento de las instituciones que garantizan el futuro de nuestro modo de vida.

Está obligado a replicar como un estadista que haga saber, alto y claro, que al Estado no se le “cala”.

ruben.cortes@razon.com.mx

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