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Chrystia Freeland, canciller de Canadá, en foto de archivo. Foto: Especial
Chrystia Freeland, canciller de Canadá, en foto de archivo. Foto: Especial

El presidente Donald Trump pondrá a prueba esta semana su estrategia de negociación, mientras sus asesores reanudan los esfuerzos para persuadir a Canadá a adherirse a su visión de reformar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el pacto que durante mucho tiempo consideró un desastre, expuso The Wall Street Journal.

Los expertos en comercio canadiense dijeron el fin de semana que las firmas canadienses deberían considerar la posibilidad de que las conversaciones entre Estados Unidos y Canadá fracasen, y que Trump pida al Congreso la anulación del TLCAN a fines de septiembre. Bajo este escenario, el tratado sólo estaría vigente hasta abril de 2019.

“Aunque este escenario aún puede parecer remoto a la luz de los desafíos políticos para asegurar la cooperación del Congreso para el plan de Trump, sería prudente que las empresas, en ambos lados de la frontera, entre los dos países que dependen en gran medida de los beneficios del TLCAN, planifiquen su desaparación “, dijo Peter Glossop, socio de la firma Osler Hoskin & Harcourt en Toronto, especializado en leyes de comercio e inversión.

Por otra parte, The New York Times (NYT) apuntó que la propuesta de modernización del tratado, es un “acuerdo fraudulento” para los trabajadores de Estados Unidos, que serían perjudicados.

  • El Dato: Canadá retomará las negociaciones del TLCAN este miércoles, en Washington.

El rotativo precisó que aunque en “la cosmovisión Trumpiana” Canadá es “un enemigo” y México envía tequila y productos del campo a cambio de empleos, “sus soluciones simplemente agregarían complicaciones con pocos beneficios”.

Respecto del acuerdo preliminar anunciado con México, la noción de Trump de que las nuevas reglas para el sector automotriz harían que empleos del sector automotriz mexicano sean transferidos a Estados Unidos, se basan en “una lógica que es dudosa”.

Apuntó que las automotrices que fabrican en México, que no cumplan con las nuevas reglas del TLC, preferirán pagar una tarifa de 2.5 por ciento para exportar sus productos a Estados Unidos, lo que no perjudicaría sus ventas, que transferir trabajos a plantas estadounidenses.