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Estoy muy enfermo. Mi agitación nerviosa evolucionó para mal y un severo ataque de influenza empeoró mi estado general. Aun así acabo de escribirles a los camaradas
que me nombraron Presidente Honorario del Comité de Ayuda [contra el Hambre], y trataré de hacer lo que pueda. Pero usted ya entenderá que mi fuerza y mi energía no son lo que solían ser.

A mí me parece que usted se equivoca al atribuir motivos completamente siniestros y criminales a las masas de refugiados rusos en el exterior, en sus actitudes ante esta gran desgracia. Y la desgracia que tenemos encima es en verdad pavorosa y no se compara con nada. Hace un año vimos multitudes de seres hambrientos desplazarse a ciegas hacia Ucrania procedentes de las provincias del norte. Los hombres subían a sus familias a las carretas, tomaban el lugar de los caballos y la triste procesión avanzaba hacia el sur, con la esperanza de dar con la abundancia de la que habían oído hablar. A la mayoría se les detuvo y se les envió de regreso. Ahora la desgracia se ha vuelto a desatar en una escala tremenda. Nada igual sucedía desde los primeros Romanov.

Y Rusia está tan inerme ante esta desgracia como lo estuvo entonces.

Usted dice que en su opinión nuestros refugiados en el extranjero, como masa, han de entorpecer las tareas de ayuda, en lugar de ayudar. Yo creo que usted se equivoca. Haría falta la malicia criminal de los Ciento Negros para que tal cosa sucediera y yo estoy convencido de que esas masas de refugiados no son capaces de eso. Yo veo toda la situación desde otra perspectiva.

Maxim Gorki
(1868-1936).
(Foto: Especial)

Por ejemplo, yo considero que el asesinato de Shingariov y Kokoshkin fue
un crimen tan grande como el asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, y que en ninguno de estos dos casos se castigara a los asesinos me parece una desgracia igual de indeleble. Interrumpimos el progreso de nuestra revolución al no admitir de una vez que la humanidad debió de haber constituido su misma base. Hemos tenido una concepción tradicional de la “Gran” Revolución Francesa donde triunfó tan sólo el instrumento del Terror. Pero el eminente historiador socialista, Michelet, nos asegura que la Revolución Francesa fracasó precisamente debido al Terror.

Nuestro régime imperial fue único en muchos aspectos. Nuestros estúpidos zares insistieron en mantener a Rusia completamente al margen de cualquier forma de desarrollo político. Debido a eso, nuestras ideas de progreso se tuvieron que desarrollar bajo la forma de conspiraciones; y fue así como el propio régime imperial preparó su caída. Fue entonces que Rusia se humilló ante el Terror. En mi opinión esto fue tan irracional y estúpido como lo que pasó con los zares.

Nuestros dirigentes revolucionarios olvidaron por completo que pasó un siglo desde la Revolución Francesa y que en ese tiempo Europa no vivió en vano. Europa ha experimentado el
contacto y conflicto de opiniones del que emergen nuevas verdades sociales y políticas. No niego que tanto Europa como Estados Unidos, en algunos aspectos, han llegado a la situación en la que una solución resulta imposible sin un conflicto agudo. Pero tanto Europa como Estados Unidos tienen una larga práctica en la acción política.

¿Y nosotros? Nosotros hemos pasado de una forma de violencia y opresión a otra. Operamos bajos un “orden administrativo” que decreta ejecuciones sumarias sin un juicio previo.

Las nuevas verdades y cualquier movimiento hacia adelante sólo pueden emerger del contacto y del conflicto de opinión. Y todo lo que se deja de mover muere y se descompone. Los actuales gobernantes de Rusia se imaginan que están al frente de la Revolución Social. De hecho, están al frente de un país agonizante. Esta rápida muerte se ve en los procesos más sencillos de la existencia nacional: los hombres dejan de trabajar y el más elemental intercambio de la savia de vida deja de existir en la totalidad del organismo.

Todo esto lo traté de mostrar en mis cartas a Lunacharski. Por cierto, no he reci-
bido respuesta a estas cartas; ni siquiera
un llano acuse de que llegaron a su destino.

 

En síntesis, en lugar de alcanzar la libertad, continuamos procediendo por el viejo camino: una forma de opresión sustituyó a la otra. Esta es toda la “libertad” que tenemos.

 

Desde luego que haré todo lo que pueda. He de preparar una apelación, pero eso me llevará algunos días. Sin embargo, como se me eligió para servir en el Comité no puedo emitir nada salvo por medio del Comité. Lo más que puedo hacer es enviarle a usted una copia de la apelación al mismo tiempo que la envíe al Comité.

Se nos vienen días de lo más difíciles y todos debemos actuar en comunión. De otra manera el fracaso será inevitable.

Todo esto lo anticipé en mis cartas a Lunacharski. Si nuestra intelligentsia sigue actuando sin armonía, entonces lo que sea que intentemos estará inexorablemente condenado. Y es necesario que el “gobierno” dé el primer ejemplo de unidad.

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