Centenario de Octavio Paz

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Horacio Vives Segl


El próximo lunes 31 de marzo se cumplirá el centenario del nacimiento de Octavio Paz. Van algunas reflexiones sobre la vida y obra de uno de los mexicanos más universales.

 La pasión por las letras. Muchos fueron los talentos cultivados por Octavio Paz. Diplomático, ensayista, editor y —posiblemente su faceta más celebrada— poeta, Paz desarrolló una prolífica obra, por más de 60 años, que contiene poemas y ensayos de enorme relevancia. El laberinto de la soledad , Posdata, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe y Libertad bajo palabra, son apenas un puñado de los títulos más conocidos de la obra de Paz. Creo que no sería arriesgado afirmar que si alguna obra literaria refleja con mayor riqueza el “ADN de la mexicanidad”, ésa es El laberinto de la soledad (1950). Como se sabe, Paz fue acreedor a los reconocimientos más importantes a los que puede aspirar un hombre de letras, tanto en México como el en extranjero: miembro de El Colegio Nacional y de la Academia Mexicana de la Lengua, ganador de los premios Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura, del Alfonso Reyes, del Cervantes y del más célebre otorgado en el ámbito internacional, el Nobel de Literatura, otorgado en 1990 “por una apasionada escritura con amplios horizontes, caracterizada por la inteligencia sensorial y la integridad humanística”. Impulsor de la cultura y el debate público, Paz desarrolló el proyecto editorial más importante en su tiempo, escaparate y semillero de grandes intelectuales mexicanos y extranjeros: la revista Vuelta, galardonada con el Premio Cervantes, la cual, al estar tan estrechamente vinculada con la figura de su creador, dejó de editarse en 1998, tras la muerte de Paz.

 Política, poder y democracia. Uno de los aspectos los más conocidos de la vida política de Octavio Paz fue su actividad diplomática. Tras haberse desempeñado como funcionario público en las misiones mexicanas en Francia, India y Japón, y en la Cancillería en México, Paz fue designado embajador de México en la India. En esa circunstancia se dieron los hechos del movimiento estudiantil del 68 y la matanza de Tlatelolco del 2 de octubre. Dejaría entonces la embajada, criticando severamente al gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. La crítica al poder y al régimen político en México encontrarían en Paz a una de sus plumas más lúcidas. Cito el epígrafe que tomamos Alonso Lujambio y yo de Hora cumplida 1929-1985 para abrir el libro El poder compartido, que no tiene desperdicio:

La democracia no puede resolver nuestros problemas. No es un remedio, sino un método para plantearlos y entre todos discutirlos. Además (y esto es lo esencial), la democracia liberará las energías de nuestro pueblo. Así, la renovación nacional comienza por ser un tema político: ¿cómo lograremos que México se convierta en una verdadera democracia? No pido (ni preveo) un cambio rápido. Deseo (y espero) un cambio gradual, una evolución […]. En cuanto al PRI: ojalá que retome en su totalidad, es decir, sin olvidar al demócrata Madero, su herencia como partido de la Revolución Mexicana. Así aprenderá a compartir el poder con los otros partidos y grupos.

Son de celebrarse la multiplicidad de los homenajes y la circulación de las obras de Paz que se ha hecho en estos días. Más importante aún, que su obra se siga leyendo y discutiendo.

hvives@itam.mx
Twitter:
@HVivesSegl

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