Cervantes y Eurovisión

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En 1968 la dictadura franquista le impidió a Joan Manuel Serrat concursar en el Festival de Eurovisión con una canción en catalán, lengua del estado español que jamás ha representado a España en el Festival de marras. No obstante, casi medio siglo más tarde y con una democracia que supuestamente celebra este 2016 los cuatrocientos años del fallecimiento de Miguel de Cervantes, la canción que representó a España en Eurovisión se titula “Say, yay!” y fue interpretada íntegramente en inglés. Teniendo en cuenta que quien corre con los gastos de selección y preparación es una televisión pública —la TVE de toda la vida—, me pregunto si los españoles seguirán afeándonos a los latinoamericanos el hablar inglés, por aquello de mirar el corn-flake en el ojo ajeno.

Vaya por delante que a España le encanta presumir de los 500 millones de hispanohablantes del planeta y que todos los años exige que el español se convierta en una de las lenguas oficiales del Parlamento Europeo, aunque sólo sea para que los eurodiputados españoles hablen entre ellos. Como se puede apreciar, no se puede ser más melindroso porque España es el primer país que se zurra en la lengua de Cervantes precisamente en este año que se conmemora el IV Centenario de su fallecimiento. Que un maltés o un moldavo quieran cantar en inglés tiene un pase, pero que la representante de un idioma que hablamos 500 millones de personas haya elegido cantar en la lengua de Shakespeare se me antoja un error, una nacada infecta y un inequívoco síntoma de acomplejamiento cultural.

Sin embargo, me gustaría dejar claro que España no fue el único país que renunció a su lengua en el Festival de marras, pues de 42 países participantes, 39 compitieron con canciones en inglés. ¿Quiénes fueron los valientes que decidieron cantar en sus propios idiomas? Un par con dos pares: Bosnia y Macedonia. ¿Que falta uno? Sí, pero supone otro intríngulis, pues Austria fue representada por una canción en francés. Ya sé que el mal de muchos es un consuelo de tontos, pero no puedo reprimir mi asombro, pues Francia, Italia y Alemania también enviaron a concursantes que cantaron en inglés, a pesar de la importancia, la solera y el prestigio musical del francés, el italiano y el alemán. Nunca pensé que ocurriría, pero Eurovisión ya es más naca, huachafa y hortera que el empalagoso Festival de la OTI.

Uno de los atractivos de Eurovisión debería ser la diversidad de lenguas de sus intérpretes, pero ahora que los videoclips de las canciones de cada concursante circulan vertiginosos por las redes, pierde todo interés saber quién es checo, quién azerbayano y quién bielorruso. Más bien, lo raro ahora sería adivinar quiénes son los cantantes irlandeses, los ingleses y los australianos, porque ahora resulta que hasta Australia concursa en Eurovisión. Espero que el Perú nunca sea invitado, porque no quiero pensar que también nos dé por cantar en inglés, ya que desde que Simon & Garfunkel grabaron “El cóndor pasa” y un equipo cusqueño de Quidditch apareció en “Harry Potter”, estamos que nos salimos del frame.

¿Y si fueron los organizadores del año de Shakespeare quienes entre bambalinas consiguieron que 39 concursantes de un total de 42 cantaran en inglés? El mismo año que el Reino Unido abandona la Unión Europea, el 92 por ciento de los participantes de Eurovisión decidió renunciar a su lengua materna para cantar en inglés. ¿A quién perjudicará más el Brexit? Francamente, no creo que a los británicos. Y en cualquier caso al pobre Cervantes, pues hasta su propio país renegó de la lengua del Quijote en el año del IV Centenario de la muerte de don Miguel.

Cuando llegué a Sevilla hace treinta años, mis amigos andaluces me ridiculizaban por no decir “espíderman” como ellos, pero ahora les ha tocado aguantar la vela de los alienados, los meritorios y los colonizados. Deseando estoy que los chinos terminen la conquista comercial del mundo, porque así todos los concursantes de Eurovisión cantarán en
mandarín.

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