Che Guevara: la muerte de una utopía

Hombre rígido y sin sentido del humor, el revolucionario es figura clave para el régimen; en Cuba, antes de clases, los niños proclaman: “Pioneros del comunismo, seremos como el Che”

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Personas muestran retratos de Ernesto Guevara, ayer, en Santa Clara, Cuba. (Foto: AP)

Ernesto Guevara de la Serna (Rosario, Argentina, 14 de junio, 1928 – La Higuera, Bolivia, 9 de octubre, 1967) abrazó una transcripción profana de creencias religiosas durante su corta y febril existencia. Figura clave de los 82 insurrectos del yate Granma que sale de Tuxpan, Veracruz, comandado por Fidel Castro (1926 – 2016), el 25 de noviembre de 1956 y naufraga siete días después en Playa de Las Coloradas, Golfo de Guacanayabo (Oriente de Cuba), el Che encarna la doctrina ética de Jesús: paria, trotamundos y soñador, simboliza cabalmente el milenarismo, legado cristiano que solventa el regreso de Cristo.

Consciente de su papel y de su perspectiva jacobinista-bolchevique, Che Guevara es uno de los gestores de la conformación de la más grandiosa secta religiosa-política en América Latina, la Revolución cubana. El cristianismo en su concepción teológica de la historia humana: consumación. Propuesta de una sociedad más justa: para eso hace falta el hombre nuevo, el ‘nuevo cristiano’. “La Revolución no es sólo una transformación de las estructuras sociales de las instituciones del régimen pasado: es además una radical y profunda metamorfosis, de los individuos, de su con- ciencia, costumbres, valores y hábitos”, escribe Guevara.

Itinerario. Viajes por América Latina (1947 – 1954), Guatemala (1954). Estancia en México (1954 – 1956): encuentro con Raúl Castro y el Movimiento 26-7. Sierra Maestra. Creación de Radio Rebelde. La batalla de Santa Clara (¿?). Cabaña: fusilamientos. Funcionario del gobierno cubano. Encuentro en La Habana con Jean Paul Sartre. Confrontación con Estados Unidos: Girón, 1961. Crisis de los misiles, 1962. Guerra Fría. (“Crear dos, tres… muchos Vietnam, es la consigna”). Congo. Tanzania. Bolivia (1966 – 1967). Protagonismo en varias encrucijadas políticas de la segunda mitad del siglo XX. / Fábula de un revolucionario. Guerrillero heroico. Los niños cubanos cada mañana, antes de entrar a tomar sus lecciones, proclaman: “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che”. Ministro ineficaz al frente de la rama industrial. Presidente del Banco Nacional de Cuba: los billetes con su firma: ‘Che’, son codiciados por los turistas.

Carta de despedida a Fidel (octubre, 1965). “He vivido días magníficos y sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en los días luminosos y tristes de la crisis del Caribe. Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días, me enorgullezco también de haberte seguido sin vacilaciones, identificado con tu manera de pensar y de ver y apreciar los peligros y los principios. Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente de Cuba y llegó la hora de separarnos”. / Poema a Fidel (México, 1956): “Vámonos / ardiente profeta de la aurora, / por recónditos senderos inalámbricos / a libertar el verde caimán que tanto amas. / […] /Cuando suene el primer disparo y se despierte / en virginal asombro la manigua entera, /allí a tu lado, seremos combatientes / nos tendrás”. Muchas especulaciones nacen de este enajenamiento del argentino por el caudillo de Birán.

Hombre rígido, homofóbico, autoritario, sin sentido del humor (nunca entendió eso que Raúl Roa llamó: ‘Socialismo con pachanga’)… / Las mujeres cubanas colgaban su retrato en las casas: era el ‘novio’ de muchas. El poeta Allen Ginsberg: “Me encantaría hacer el amor con él”. “Cuba te sabe de memoria. Rostro / de barbas que clarean. Y marfil / y aceituna en la piel de santo joven. […]. / Te vemos cada día ministro, / cada día soldado, cada día / gente llana y difícil /cada día./ Y puro como un niño/o como un hombre puro, / Che comandante, / amigo.”: Nicolás Guillen. // Los jóvenes cubanos de hoy saben de la célebre fotografía de Alberto Korda por los anuncios publicitarios de Europa y Estados Unidos. Los ídolos tienen su momento, la gloria los acompaña en un tiempo, a veces, fugaz: otras veces cosido a la pausa de la nostalgia. Hoy, a cinco décadas de su muerte, se venden muy bien las playeras con la imagen de la boina negra con estrella: ojos angustiados: mirada a la lejanía: Guerrillero heroico. Che Guevara: consumación de uno de los tantos espejismos del convulso siglo XX.

Carlos Olivares Baró

Carlos Olivares Baró

Carlos Olivares Baró es columnista fundador de La Razón. Ha publicado la novela La Orfandad del Esplendor y el libro de textos periodísticos Un Sintagma por Aquí, un Estribillo por Allá. Profesor universitario y conferencista de música y literatura en varias instituciones culturales de México. Sus textos han aparecido en publicaciones de España, Cuba, Puerto Rico y México. Publica en este diario semanalmente las columnas de reseñas y comentarios de discos y libros, El Convite y Las Claves.
Carlos Olivares Baró

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