Chicano batman en el lunario

De las calles del East L. A. a la Ciudad de México, el sincretismo musical de
Chicano Batman se voló las fronteras
de los llamados “sonidos globales”. En más de dos décadas de estilos híbridos, pocos locos como este ecléctico cuarteto salido del molcajete multicultural angelino, que presentó por acá su show cósmico-mágico-tropical de balada, soul, cumbia, funk, jazz y psicodelia.

Aquella noche del 21 de junio, abarrotado hasta el cogote, el Lunario se puso sus mejores trapos cumbiamberos para recibir a los hijos de Aztlán:

esmoquin tropical, camisas color pastel con olanes, moños y lentejuelas. Así lucían el emotivo cantante Bardo Martínez, armado con su órgano melódico Yamaha y su Fender Stratocaster; el estupendo bajista Eduardo Arenas, auténtico “piloto de la fiesta” que fundó el grupo en 2008 e introdujo los ritmos brasileños; el guitarrista Carlos Arévalo, con su toque de rock Fender; y el baterista colombiano Gabriel Villa, que carga la cumbia en su tarola de foquitos led. Presentaban su tercer disco, Freedom is Free, con rienda suelta a una quincena de canciones.

Desde que abrieron pista lograron conectar honestamente con “Angel Child”, “Cycles of Existential Rhyme”, “Passed You By” y “La Samoana”. Grupo y público se entregaron, animados por dos vistosas coristas de muy buen cantar. Para horror de los fundamentalistas del blues, el jazz y el rock, la onda retro de Chicano Batman le quita lo fresa a cualquiera. Al dar unos pasitos con “Freedom…”, “Black Lipstick”, “It’s a Balloon”, “La Manzanita” y “Soniatl”, del cielo cae el mensaje: “Te vas a arrepentir de las cumbias que no bailastes por andar de roquerillo”. Su sinceridad espiritual te hace entender que la música es movimiento, algo vivo que evoluciona independiente de los gustos, criterios y opiniones. La de aquí, la de allá y la de acullá son músicas promiscuas, les gusta meterse unas con otras en orgías sonoras. Así, la balada de Los Freddy’s, “Déjenme llorar”, adquirió otra dimensión con los requintos de Santana y Hendrix. Apunta Daniel Herrera en su Rica y apretadita, mínima historia de la cumbia del noreste, que fue Rigo Tovar quien “incorporó los instrumentos eléctricos en la música tropical”.

Además de ser amor ciego, Rigo fue un visionario que vino a electrificar la cumbia.

La euforia llegó al final con “Flecha al Sol” y “Magma”, antes del encore que estuvo a punto de salirse de control con “La Tigresa”, “La Jura”, la balada favorita de su repertorio “Itotiani”, y un cierre sísmico con esa versión espacial de “El Sonidito”, tecnocumbia de la Hechizeros Band. El beso eléctrico de Chicano Batman dejó chupetón de fuego.

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